viernes, 20 de agosto de 2010

'Odyssey' presenta apelaciones y dice que los argumentos españoles son sólo "ficción"

La empresa pide que se anule la decisión del juez de Tampa de devolver el tesoro a España

Agencias / Madrid | Actualizado 20.08.2010 - 05:00


La empresa estadounidense Odyssey presentó el miércoles ante un tribunal de apelaciones de EEUU su respuesta al último informe de España sobre la propiedad del tesoro de monedas de oro y plata que la empresa norteamericana encontró en mayo de 2007 y que fue valorado en 500 millones de dólares.

En el documento, de 39 páginas, se pide que se anule la decisión del juez de Tampa (Florida) para que entregue al Estado español el tesoro y argumentan que la respuesta de España al caso Odyssey "aunque está bien escrita, es sólo ficción".

"El lenguaje incendiario que ha utilizado España en su respuesta ha servido para distraer de la verdad y de los temas realmente relevantes", señala Melinda MacConnel, vicepresidenta y consejera general de Odyssey.

En el documento, los responsables de Odyssey indican que los hechos han sido presentados en el Juzgado de una forma "cautivadora e interesante" y explican que quizás por ello el juez vio "inexactitudes" en muchas de las alegaciones presentadas. Entre ellas, declaran que entre los restos encontrados no había "ningún buque ni restos humanos" en el sitio donde localizaron al Cisne Negro. Igualmente, advierten que Odyssey actuó legalmente y de manera adecuada en la recuperación de las piezas del Cisne Negro.

Asimismo, alegan que España en los tribunales presentó una imagen de Odyssey como si fuera "cazadores de tesoros malvados" y los "villanos" que quieren robar "el sagrado cementerio" de los marineros españoles. En este sentido, señalan que La Mercedes estaba en una "misión comercial" en su último viaje -un hecho que anula legalmente la pretensión española de inmunidad-.

Un sonar ofrece nuevas imágenes del navío Rayo hundido en Doñana

(Huelva Información)

Participó en la batalla de Trafalgar, cañoneado y desarbolado llegó a la desembocadura de Guadalquivir donde quedaría para siempre
El navío Rayo construido en La Habana en 1749 se encuentra hundido en las costa de Doñana. Se trata de uno de los barcos de la armada francoespañola que participaron en la batalla de Trafalgar el 31 de octubre de 1805, quedando después desarbolado y encallado en Arenas Gordas. Hoy está perfectamente localizado a 300 metros de la orilla y a sólo siete metros de profundidad, según ha podido comprobar el equipo del arqueólogo subacuático Claudio Lozano.
Ahora, a demás, se ha podido constatar la presencia del yacimiento arqueológico que supone el navío Rayo gracias aun sensor de barrido lateral, en un programa organizado por la Universidad de Huelva en el que han participado el Grupo de Investigación de Geología Costera, formado por José Borrego y Juan Antonio Morales, conjuntamente con el arqueólogo subacuático Claudio Lozano.

Es un sistema de impulsos acústicos a través de un sensor que se diseñó hacia los años cincuenta para la teledetección de submarinos y para usos oceanográficos y geológicos. Actualmente el sistema se encuentra muy desarrollado. Supera la detección óptica convencional y puede utilizarse en aguas frías, turbias y a altas profundidades. Cubriendo rangos de detección entre 25 metros y un kilómetro de ancho; ha servido para el descubrimiento de importante naufragios como el Mary Rose, el USS Monitor y el Titanic.

Ahora se ha aplicado con total éxito sobre los restos del navío Rayo, el primer buque español hallado de la batalla de Trafalgar y que descansa en aguas onubenses. "Es, además, la primera vez que se utiliza con un rotundo éxito en nuestra costa", como afirma Claudio Lozano.

El arqueólogo subacuático asegura que estas imágenes "han contribuido a completar la planimetría del yacimiento, a posicionar los restos de artillería del buque y a ver la dispersión de las piezas, entre ellas la localización del obús de rovira".

Claudio Lozano asegura que el proyecto se encuentra en su última fase y todos los resultados se presentarán en una memoria final a la Delegación Provincial de Cultura de la Junta de Andalucía.

Hay que destacar que al interés arqueológico de Rayo, para conocer y recuperar los elementos que lo formaba, se suma ahora el hecho de la celebración en 2005 del Bicentenario de la Batalla de Trafalgar, que tuvo lugar en octubre de 1805.

viernes, 16 de julio de 2010

Encuentran restos de un barco del siglo XVIII en la 'zona cero' de Nueva York

La embarcación se habría hundido en esa zona del sur de la ciudad cuando se amplió hacia el río Hudson. Estaba a una profundidad de 9 metros por debajo del lugar donde estaba el World Trade Center.
EFE | ACTUALIZADO 15.07.2010 - 19:25





Los trabajadores de la zona cero del sur de Manhattan han encontrado los restos de un barco de casi diez metros de largo que podría ser del siglo XVIII y que se habría hundido en esa zona del sur de la ciudad cuando se amplió hacia el río Hudson, informó el diario The New York Times.

El diario señala que los trabajadores que limpian de escombros la zona cero dieron con la embarcación el pasado martes y que ésta estaba enterrada a una profundidad de entre seis y nueve metros debajo de donde estuviera hasta el 11 de septiembre de 2001 el complejo del World Trade Center, construido en la década de los sesenta del pasado siglo.

El arquitecto Michael Pappalardo, de la empresa AKRF, una de las contratadas para la Autoridad Portuaria de Nueva York y Nueva Jersey para documentar los hallazgos históricos que puedan encontrarse en esa obra, corroboró el descubrimiento y dijo que el navío podría haber sido originalmente hasta dos o tres veces más largo de la porción encontrada.

Se trata del mayor descubrimiento arqueológico realizado en esta ciudad desde 1982, cuando se encontraron los restos de un buque mercante del siglo XVIII en unas obras de la calle Water, en el sur de Manhattan.

"La embarcación al parecer data de mediados del siglo XVIII y ha estado ahí durante más de 200 años", señala el diario que subraya que los arqueólogos de la ciudad están maravillados por la importancia del hallazgo, muy cerca de donde, según un mapa de 1797, había un embarcadero y donde se proyectó construir un lago.

Pero también, dijeron los expertos, hay que actuar con rapidez para rescatar la nave, ya que su casco de madera, al no estar ya protegido por la tierra, "se deteriora rápidamente en su contacto con el aire", por lo que lo están recubriendo de barro.

La ausencia de sol y la lluvia que afecta a Nueva York estos días, sin embargo, favorece la conservación de la embarcación, indicó al diario el arqueólogo responsable de preservar el patrimonio histórico neoyorquino, Doug Mackey.

Entre los restos, los trabajadores de la zona cero han encontrado también una gran pieza metálica semicircular perteneciente al barco y un zapato de cuero de la época.

lunes, 22 de febrero de 2010

La inmensa fortuna aún por descubrir, hundida bajo el mar

EIVISSA | PEP RIBAS

La historia de los galeones españoles que se han hundido a lo largo de los siglos en mares de todo el orbe y las valiosas fortunas que albergan esos pecios fue el tema de la charla del viernes en el Club Diario.


España podría tener una fortuna incalculable en metales preciosos, perlas y tesoros arqueológicos de diversa índole que permanecen fondeados en diferentes mares del globo, sin que ninguna autoridad mueva un dedo por recuperarlas. Esta es la principal conclusión de la charla que ofreció el viernes por la noche en el Club Diario de Ibiza el capitán de la Marina Mercante Juan Manuel Gracia Menocal, presidente de la Asociación para el Rescate de Galeones Españoles.
Gracia Menocal, que como apuntó su amigo Mariano Llobet durante la presentación del acto, tiene casa en Eivissa y pasa temporadas en la isla, es experto en investigación y arqueología submarina y de los principales conocedores del patrimonio español hundido bajo el mar.
El ponente mantiene que España es la primera potencia mundial en yacimientos arqueológicos submarinos con galeones y navíos hundidos no sólo en costas españolas e iberoamericanas, sino en todo el mundo. No en vano, España fue durante siglos la principal potencia naval del orbe.
Los pecios españoles descansan en todos los mares y océanos (normalmente en aguas poco profundas), desde Japón a Vietnam pasando por Filipinas, Islas Marianas, en todos los países americanos, el Caribe, las Azores, Portugal y España. Sólo en el Golfo de Cádiz hay documentados más de 700 hundimientos, aunque Gracia estima que puede haber entre 1.500 y 1.800.
De los 720 que están documentados, entre Tarifa y Ayamonte descansan en el fondo del mar 170 barcos cargados con tesoros que podrían tener un valor cifrado en miles de millones de euros.

Fortunas multimillonarias
El capitán Gracia Menocal se refirió a británicos y a estadounidenses que han llegado a atesorar fortunas multimillonarias rescatando tesoros hundidos en el mar y tachó de «de-sidia» al comportamiento que tienen las administraciones españolas en general en su actitud hacia el patrimonio submarino.
Propone que por lo menos se rescaten las fortunas existentes en aguas territoriales españolas, contratando a empresas `caza-tesoros´, que aunque se queden con la mitad de las riquezas obtenidas, «más vale el cincuenta por ciento de algo que el cien por cien de nada».
El experto animó a cualquier interesado a contribuir a la búsqueda de los tesoros perdidos: «Si un particular encuentra un tesoro, tiene derecho a quedarse con la mitad, pero si tiene permiso para sondear y encuentra algo, debe entregarlo todo al Estado», afirmó.

El Museo Nacional de Arqueología Subacuática albergará dos galeones españoles hundidos

Permitirá recrear, a partir de vídeos interactivos, pecios fenicios y escenografías de excavaciones bajo el mar



El nuevo edificio del Museo Nacional de Arqueología Subacuática (Arqua), ubicado en el Muelle de Alfonso XII de Cartagena y que ayer fue presentado por el ministro de Cultura, César Antonio Molina, albergará cerca de mil piezas del patrimonio cultural sumergido español, entre ellas los restos de dos galeones hundidos en las costas americanas, que según explicó el director del centro, Rafael Azuar, «serán las piezas estrella del Museo».

Pese a que «es algo que no es todavía seguro», explicó Azuar, el Ayuntamiento de Mazarrón aseguró ayer que la quilla del barco fenicio Mazarrón 1, datada en el siglo VII antes de Cristo, estará en el museo. La pieza forma parte de una de las dos embarcaciones fenicias más antiguas del mundo halladas en el Mediterráneo.

«Será el primer museo de Europa y el Mediterráneo dedicado exclusivamente a la arqueología subacuática, y está previsto que lo visiten 80.000 personas al año», señaló Azuar. Lo comparó con otros museos arqueológicos como el de Mérida. En sus salas acogerá ánforas, lingotes de plomo sellados y sin sellar, y productos del comercio y de la construcción naval de época.

El espacio, de unos 6.000 metros cuadrados, está dotado de los últimos avances tecnológicos que permitirán recrear, a través de vídeos interactivos, galeones fenicios sumergidos e incluso escenografías de excavaciones arqueológicas bajo el mar. Todo dirigido hacia un conocimiento experimental del rico patrimonio cultura que hay en las profundidades. Además, tendrá un departamento con aulas preparadas para desarrollar talleres y actividades de formación e investigación.

Patrimonio del mundo

«Nuestro patrimonio sumergido no está sólo en el Mediterráneo, sino disperso por todas las aguas del planeta. Nuestros barcos han estado en Filipinas, en Oceanía y en América, y el museo quiere exponer ejemplos de ese patrimonio disperso por todo el mundo», afirmó el director del centro.

El complejo tiene un presupuesto que ronda los 24,5 millones de euros, entre la construcción del edificio y el proyecto museográfico. De los seis mil metros, el 35% se destinará a exhibición de colecciones permanentes, y alrededor de 500 metros cuadrados albergarán el futuro programa de exposiciones temporales.

En él trabajarán en un primer momento cerca de cuarenta personas y, a partir de su inauguración, que según el ministro Molina será a principios de marzo o abril, entre arqueólogos, restauradores, documentalistas, bibliotecarios, personal de atención al público y guías de sala la cifra llegará hasta los sesenta trabajadores.

El nuevo edificio albergará piezas del Museo Nacional de Arqueología Marítima (en sus almacenes se encuentran unos siete mil artículos). Ahora pasará a llamarse Museo Nacional de Arqueología Subacuático y acogerá material descubierto en lagos, ríos y aguas interiores.

El Ministerio de Cultura tiene previsto que el museo presente dos grandes bloques temáticos: el primero centrado en el patrimonio subacuático y un segundo, denominado Mare Hibéricum, en el discurso histórico en torno a las colecciones del museo.


LOS DATOS DEL MUSEO
Nombre: Museo Nacional de Arqueología Subacuática.

Dónde está: Muelle Alfonso XII de Cartagena

Qué albergará: Cerca de mil piezas, entre ellas dos galeones españoles hundidos en aguas americanas, y ánforas, lingotes de plomo sellados y sin sellar y productos del comercio y de la construcción naval.

Previsión de visitantes: Alrededor de 80.0000 al año.

Presupuesto: 24,5 millones de euros entre la construcción del edificio y el proyecto museográfico.

Trabajadores: Unos sesenta entre arqueólogos subacuáticos, restauradores, documentalistas, personal de atención al publico y guías de sala.

Superficie: 6.000 metros cuadrados.

Para exhibición de colecciones permanentes: 1.600 metros cuadrados.

Para exhibición de colecciones temporales: 500 metros cuadrados.

Almacenes: Mil metros cuadrados.

Piratería bajo los mares

Vincent Noce, periodista del diario Libération, París.


La tecnología permite ahora el acceso a los restos de naufragios ocultos en las profundidades marinas. Pero, ¿a quién pertenecen estos tesoros? Algunos Estados toleran su dilapidación.


El museo más grande del mundo yace bajo las aguas. Nadie conoce la cifra exacta, pero cientos si no millares de navíos se fueron a pique en el fragor de las batallas o bajo la violencia de las tempestades, llevándose hacia los fondos marinos ánforas romanas, lingotes de oro, cañones y cajas de porcelana china.

Para dar una idea del tráfico marítimo que alcanzó un desarrollo sin precedentes en el siglo XVI, la flota de la Compañía Neerlandesa de las Indias hizo en dos siglos 8.000 viajes de ida y vuelta a China. Pero hasta mediados del siglo XX, ante la imposibilidad de acceder a este museo sumergido, los océanos eran una inmensa caja de caudales en la que dormían esos tesoros de las civilizaciones.

Hace poco más de 2.700 años, dos de los navíos más antiguos descubiertos tuvieron un destino funesto al parecer cuando, cargados de ánforas de vino, se dirigían de Tiro hacia el Egipto faraónico. Esos dos vestigios fenicios, de menos de veinte metros de longitud, fueron localizados en junio de 1999 frente a las costas israelíes por Robert Ballard, descubridor de los restos del Titanic, y Lawrence Stager, arqueólogo de la Universidad de Harvard, a quienes se les había encargado la búsqueda de un submarino israelí, el Dakar, desaparecido en el mar en 1969 con sus 69 tripulantes. Dos pequeños robots submarinos, el Jasón y el Medea, se sumergieron a 300 y 900 metros de profundidad para filmar e iluminar los restos de los dos navíos fenicios y permitieron comprobar que se encontraban en excelente estado de conservación.
Como explica Ballard, las aguas profundas, cuyo contenido de oxígeno disuelto es más débil, constituyen una mejor protección que las aguas bajas: “A esas profundidades, la falta de luz solar y las fuertes presiones permiten conservar esos testimonios históricos mucho mejor de lo que pensábamos.” En efecto, una nave de 3.300 años de edad descubierta cerca de Turquía en aguas menos profundas, así como otras dos naves fenicias, procedentes del siglo vii a.c. halladas cerca de Murcia, en España, se encontraban en mucho peor estado.

El hallazgo de los dos navíos al sur de Israel causó sorpresa, pues se ignoraba que los fenicios comerciaran utilizando esa ruta marítima. Un decantador de vino (prueba de que entonces el vino se decantaba), anclas de piedra, vasijas de barro y un incensario se encontraron en medio de ánforas típicas del estilo de esa época tiria. Ello permitió establecer con aproximación la fecha del naufragio y sobre todo el origen de los barcos. “En un futuro próximo”, según Ballard, “se producirán sin duda otros hallazgos importantes que van a modificar radicalmente el mapa del comercio marítimo de la Antigüedad.” El descubrimiento frente a las costas de Sicilia de navíos romanos ha confirmado una hipótesis controvertida durante mucho tiempo según la cual los romanos eran perfectamente capaces de alejarse de las costas para navegar en aguas profundas.


Avances tecnológicos y nueva legislación

Ahora bien, hasta hace medio siglo, antes de la aparición de la escafandra autónoma, el hombre no tenía ningún medio para acercarse a los restos de naufragios en los fondos marinos. La primera exploración submarina, obra del comandante Jacques-Yves Cousteau, data de 1952 y se llevó a cabo cerca de Marsella, puerto sumamente activo del Mediterráneo romano. El equipo recogió ánforas griegas y romanas que dejaron perplejos a los especialistas pues entre ellas había por lo menos un siglo de diferencia, hasta que advirtieron que estaban en presencia de dos navíos que se habían ido a pique uno sobre otro. En ese entonces, no había ninguna legislación ni órgano de referencia, ni en Francia ni en otro lugar, para esta actividad que era totalmente libre. André Malraux, ministro de Cultura de Francia, creó en 1966 el departamento de investigaciones arqueológicas submarinas del Ministerio de Asuntos Culturales, obligando también a formular una declaración cuando un vestigio se descubre en las aguas territoriales.

En 1989, dos años después de la aprobación de una ley similar en Estados Unidos, el Estado francés se reservó la propiedad exclusiva de los tesoros submarinos sumergidos en sus aguas, mientras que anteriormente era posible compartirlos. Desde entonces, las declaraciones de descubrimiento disminuyeron de 250 al año a menos de 50. Para contrarrestar esta baja, el Estado estableció siete años más tarde la posibilidad de pagar una prima al descubridor, que puede llegar a 30.000 dólares según el interés científico. En la práctica, ésta se abona rara vez. El riesgo del secreto vale la pena, ya que una hermosa ánfora antigua puede negociarse por unos 1.500 dólares en el mercado.

Los aficionados piensan que las ánforas son mudas. Craso error, pues éstas “hablan”: nos informan sobre la época del naufragio, la nacionalidad de los navegantes, por no hablar de los modos de acondicionamiento de los productos transportados. Las más de las veces son ellas las que señalan a los equipos especializados la existencia de restos de barcos antiguos que, en cambio, desaparecen en la arena. Durante catorce siglos, de 770 a.c. a 700 d.c., las ánforas sirvieron para transportar vino, aceite, salmueras, especias, té… Después serán la porcelana y los cañones los que proporcionarán otras señales visibles de los naufragios. Entre las ánforas y estos últimos objetos hay un espacio en blanco, sea porque los restos de los navíos se han desintegrado o permanecen invisibles o porque el tráfico marítimo disminuyó.


Un testimonio histórico y arqueológico

Fue un cañón cubierto de sedimentos marítimos y moluscos el que señaló la presencia, en las cercanías del archipiélago venezolano de Las Aves, de la flota enviada por Luis XIV para expulsar a los holandeses de las Antillas. Después de haber saqueado Tobago, la escuadra al mando del conde Jean d’Estrées puso rumbo a Curação, donde su victoria sobre los holandeses habría sido aplastante si, el 11 de mayo de 1678, la mitad de sus naves —13 buques de guerra y 17 navíos corsarios— no hubieran naufragado a causa de la tempestad. De 5.000 hombres, 500 perecieron en medio de las olas y un millar murieron de hambre y enfermedades tras haber sido arrojados en islas desiertas.

Esta catástrofe dio al traste con las esperanzas de los franceses de reinar sin contrapeso sobre el Mar Caribe, que pronto se convirtió en un refugio de piratas. Pero hoy en día, aunque no enarbolen la bandera negra con una calavera, los piratas no han desaparecido. El venezolano Charles Brewer-Carias y el estadounidense Barry Clifford localizaron en medio de otros vestigios el navío almirante Le Terrible, defendido por 70 cañones y 500 tripulantes. Venezuela, que no dispone de medios para hacer explorar el sitio por un organismo estatal de búsquedas arqueológicas, otorgó a la empresa de obras públicas Mespa una licencia de exclusividad para excavar y comercializar todo lo que pudiera serlo. Clifford se declaró “horrorizado” por la concesión del sitio a un inversor privado: “Algún día el pueblo venezolano se sentirá a su vez horrorizado por lo que se autorizó en Las Aves.” “Trajimos un arqueólogo a bordo del navío de investigación”, se defiende Mespa, que admite sin embargo que desea rentabilizar su inversión creando una “industria” de los descubrimientos.

“Cada vez que se produce una situación similar, los grandes perdedores son los Estados. No es más que una forma moderna de piratería”, afirma John de Bry, arqueólogo de Florida. La empresa privada piensa que puede encontrar efectos personales de valor del conde de Estrées y de sus oficiales, pero los arqueólogos dudan de que una flota de guerra pueda contener un verdadero “tesoro”. En cambio, temen que se pierda el testimonio histórico y arqueológico de los vestigios y de su posición. La construcción de los navíos debería ayudar a entender mejor la arquitectura naval de la época en que Colbert creó una marina real y la industria que la acompañaba.

Efectuar una relación precisa de la posición de los diversos objetos en el fondo antes de izarlos es una operación delicada que toma tiempo y cuesta caro. La exploración submarina es una actividad sumamente onerosa en aras de un resultado aleatorio. Pero como la rentabilidad es la única preocupación de los cazadores de tesoros, y un día de excavaciones cuesta una fortuna, se apresuran a extraer lo que tenga un valor monetario inmediato, aunque deban destruir todo a su paso. Y algunos han llegado incluso a utilizar explosivos. No les interesan los vestigios sin valor que apasionan a los historiadores: una inscripción en el fragmento de una vasija puede indicar una ruta marítima, un pedazo de calzado decirnos mucho sobre la vestimenta de los marinos, un esqueleto revelar heridas o carencias alimentarias. El casco del Maurithius, que naufragó frente a las costas de Guinea de regreso de China en 1609, estaba aún tapizado de casi 20.000 escamas de cinc casi puro, testimonio del adelanto de la metalurgia china frente al retraso de Europa en la materia.

El problema de la concesión de licencias se planteó a una escala aún mayor en el archipiélago portugués de las Azores, uno de los fondos más ricos del planeta, pues constituía una escala obligada en la travesía del Atlántico. El Museo Nacional de Arqueología de Portugal ha contabilizado 850 navíos españoles y portugueses hundidos allí, muchos de ellos cargados de oro. Ochenta y ocho yacen en la bahía de Hangra do Heroismo, donde en 1972 desembarcó el cazador de tesoros británico John Grittan. La aventura concluyó para él con la cárcel, donde pasó casi dos meses, y con la prohibición de proseguir sus actividades. Hasta que casi 25 años después, amparándose en una nueva ley que autoriza a las empresas privadas a excavar los fondos del archipiélago, regresó como director de la sociedad Arqueonáuticas, presidida por el contralmirante Isaías Gomes Texeira, una de las primeras en obtener un permiso para realizar búsquedas y proceder a su explotación.

Uno de los más célebres cazadores de tesoros, Bob Marx, establecido en Florida, se declaró interesado, ofreciendo un reparto al término de la operación: 50% de los descubrimientos para él a menos de 50 metros de profundidad, 70% más allá de este límite. “¡Con esta legislación, hemos sacrificado la historia en el altar del dinero!”, exclama Francisco Alves, director del Museo Nacional de Arqueología de Portugal. Mientras tanto, los españoles analizan febrilmente los tratados de derecho para saber si pueden salvar el patrimonio de sus propios galeones.
A veces, los cazadores de tesoros realizan beneficios colosales. Uno de ellos, Michael Hatcher, de dudosa reputación, obtuvo unos quince millones de dólares de la dispersión de la porcelana china hallada en el Geldermalsen, navío holandés desaparecido en 1752 en el Mar de China. Christie’s, la principal firma mundial de ventas en subasta pública, se especializó en un momento dado en ese tipo de operaciones, pero ahora es más cautelosa en vista de las controversias y dificultades jurídicas que suscitan. Aunque Hatcher declaró haber hallado los restos del naufragio en aguas internacionales, algunos investigadores sostienen que éstos se encontraban en la zona marítima de Indonesia. Ese país inició una investigación, pero uno de sus responsables desapareció al sumergirse en el sitio, lo que ha aumentado el carácter folletinesco del asunto. Indonesia abandonó ulteriormente el procedimiento, pero en medio de rumores insistentes de corrupción de la familia Suharto, que dirigía entonces el país.

“Todo este dinero que circula agrava directamente el peligro, puesto que se reinvierte en nuevas exploraciones”, observa Lyndel Prott, jefa de la sección de normas internacionales del sector de Cultura de la UNESCO. “Los Estados toleran una dilapidación de tesoros bajo el mar que jamás aceptarían bajo tierra.”