viernes, 16 de julio de 2010

Encuentran restos de un barco del siglo XVIII en la 'zona cero' de Nueva York

La embarcación se habría hundido en esa zona del sur de la ciudad cuando se amplió hacia el río Hudson. Estaba a una profundidad de 9 metros por debajo del lugar donde estaba el World Trade Center.
EFE | ACTUALIZADO 15.07.2010 - 19:25





Los trabajadores de la zona cero del sur de Manhattan han encontrado los restos de un barco de casi diez metros de largo que podría ser del siglo XVIII y que se habría hundido en esa zona del sur de la ciudad cuando se amplió hacia el río Hudson, informó el diario The New York Times.

El diario señala que los trabajadores que limpian de escombros la zona cero dieron con la embarcación el pasado martes y que ésta estaba enterrada a una profundidad de entre seis y nueve metros debajo de donde estuviera hasta el 11 de septiembre de 2001 el complejo del World Trade Center, construido en la década de los sesenta del pasado siglo.

El arquitecto Michael Pappalardo, de la empresa AKRF, una de las contratadas para la Autoridad Portuaria de Nueva York y Nueva Jersey para documentar los hallazgos históricos que puedan encontrarse en esa obra, corroboró el descubrimiento y dijo que el navío podría haber sido originalmente hasta dos o tres veces más largo de la porción encontrada.

Se trata del mayor descubrimiento arqueológico realizado en esta ciudad desde 1982, cuando se encontraron los restos de un buque mercante del siglo XVIII en unas obras de la calle Water, en el sur de Manhattan.

"La embarcación al parecer data de mediados del siglo XVIII y ha estado ahí durante más de 200 años", señala el diario que subraya que los arqueólogos de la ciudad están maravillados por la importancia del hallazgo, muy cerca de donde, según un mapa de 1797, había un embarcadero y donde se proyectó construir un lago.

Pero también, dijeron los expertos, hay que actuar con rapidez para rescatar la nave, ya que su casco de madera, al no estar ya protegido por la tierra, "se deteriora rápidamente en su contacto con el aire", por lo que lo están recubriendo de barro.

La ausencia de sol y la lluvia que afecta a Nueva York estos días, sin embargo, favorece la conservación de la embarcación, indicó al diario el arqueólogo responsable de preservar el patrimonio histórico neoyorquino, Doug Mackey.

Entre los restos, los trabajadores de la zona cero han encontrado también una gran pieza metálica semicircular perteneciente al barco y un zapato de cuero de la época.

lunes, 22 de febrero de 2010

La inmensa fortuna aún por descubrir, hundida bajo el mar

EIVISSA | PEP RIBAS

La historia de los galeones españoles que se han hundido a lo largo de los siglos en mares de todo el orbe y las valiosas fortunas que albergan esos pecios fue el tema de la charla del viernes en el Club Diario.


España podría tener una fortuna incalculable en metales preciosos, perlas y tesoros arqueológicos de diversa índole que permanecen fondeados en diferentes mares del globo, sin que ninguna autoridad mueva un dedo por recuperarlas. Esta es la principal conclusión de la charla que ofreció el viernes por la noche en el Club Diario de Ibiza el capitán de la Marina Mercante Juan Manuel Gracia Menocal, presidente de la Asociación para el Rescate de Galeones Españoles.
Gracia Menocal, que como apuntó su amigo Mariano Llobet durante la presentación del acto, tiene casa en Eivissa y pasa temporadas en la isla, es experto en investigación y arqueología submarina y de los principales conocedores del patrimonio español hundido bajo el mar.
El ponente mantiene que España es la primera potencia mundial en yacimientos arqueológicos submarinos con galeones y navíos hundidos no sólo en costas españolas e iberoamericanas, sino en todo el mundo. No en vano, España fue durante siglos la principal potencia naval del orbe.
Los pecios españoles descansan en todos los mares y océanos (normalmente en aguas poco profundas), desde Japón a Vietnam pasando por Filipinas, Islas Marianas, en todos los países americanos, el Caribe, las Azores, Portugal y España. Sólo en el Golfo de Cádiz hay documentados más de 700 hundimientos, aunque Gracia estima que puede haber entre 1.500 y 1.800.
De los 720 que están documentados, entre Tarifa y Ayamonte descansan en el fondo del mar 170 barcos cargados con tesoros que podrían tener un valor cifrado en miles de millones de euros.

Fortunas multimillonarias
El capitán Gracia Menocal se refirió a británicos y a estadounidenses que han llegado a atesorar fortunas multimillonarias rescatando tesoros hundidos en el mar y tachó de «de-sidia» al comportamiento que tienen las administraciones españolas en general en su actitud hacia el patrimonio submarino.
Propone que por lo menos se rescaten las fortunas existentes en aguas territoriales españolas, contratando a empresas `caza-tesoros´, que aunque se queden con la mitad de las riquezas obtenidas, «más vale el cincuenta por ciento de algo que el cien por cien de nada».
El experto animó a cualquier interesado a contribuir a la búsqueda de los tesoros perdidos: «Si un particular encuentra un tesoro, tiene derecho a quedarse con la mitad, pero si tiene permiso para sondear y encuentra algo, debe entregarlo todo al Estado», afirmó.

El Museo Nacional de Arqueología Subacuática albergará dos galeones españoles hundidos

Permitirá recrear, a partir de vídeos interactivos, pecios fenicios y escenografías de excavaciones bajo el mar



El nuevo edificio del Museo Nacional de Arqueología Subacuática (Arqua), ubicado en el Muelle de Alfonso XII de Cartagena y que ayer fue presentado por el ministro de Cultura, César Antonio Molina, albergará cerca de mil piezas del patrimonio cultural sumergido español, entre ellas los restos de dos galeones hundidos en las costas americanas, que según explicó el director del centro, Rafael Azuar, «serán las piezas estrella del Museo».

Pese a que «es algo que no es todavía seguro», explicó Azuar, el Ayuntamiento de Mazarrón aseguró ayer que la quilla del barco fenicio Mazarrón 1, datada en el siglo VII antes de Cristo, estará en el museo. La pieza forma parte de una de las dos embarcaciones fenicias más antiguas del mundo halladas en el Mediterráneo.

«Será el primer museo de Europa y el Mediterráneo dedicado exclusivamente a la arqueología subacuática, y está previsto que lo visiten 80.000 personas al año», señaló Azuar. Lo comparó con otros museos arqueológicos como el de Mérida. En sus salas acogerá ánforas, lingotes de plomo sellados y sin sellar, y productos del comercio y de la construcción naval de época.

El espacio, de unos 6.000 metros cuadrados, está dotado de los últimos avances tecnológicos que permitirán recrear, a través de vídeos interactivos, galeones fenicios sumergidos e incluso escenografías de excavaciones arqueológicas bajo el mar. Todo dirigido hacia un conocimiento experimental del rico patrimonio cultura que hay en las profundidades. Además, tendrá un departamento con aulas preparadas para desarrollar talleres y actividades de formación e investigación.

Patrimonio del mundo

«Nuestro patrimonio sumergido no está sólo en el Mediterráneo, sino disperso por todas las aguas del planeta. Nuestros barcos han estado en Filipinas, en Oceanía y en América, y el museo quiere exponer ejemplos de ese patrimonio disperso por todo el mundo», afirmó el director del centro.

El complejo tiene un presupuesto que ronda los 24,5 millones de euros, entre la construcción del edificio y el proyecto museográfico. De los seis mil metros, el 35% se destinará a exhibición de colecciones permanentes, y alrededor de 500 metros cuadrados albergarán el futuro programa de exposiciones temporales.

En él trabajarán en un primer momento cerca de cuarenta personas y, a partir de su inauguración, que según el ministro Molina será a principios de marzo o abril, entre arqueólogos, restauradores, documentalistas, bibliotecarios, personal de atención al público y guías de sala la cifra llegará hasta los sesenta trabajadores.

El nuevo edificio albergará piezas del Museo Nacional de Arqueología Marítima (en sus almacenes se encuentran unos siete mil artículos). Ahora pasará a llamarse Museo Nacional de Arqueología Subacuático y acogerá material descubierto en lagos, ríos y aguas interiores.

El Ministerio de Cultura tiene previsto que el museo presente dos grandes bloques temáticos: el primero centrado en el patrimonio subacuático y un segundo, denominado Mare Hibéricum, en el discurso histórico en torno a las colecciones del museo.


LOS DATOS DEL MUSEO
Nombre: Museo Nacional de Arqueología Subacuática.

Dónde está: Muelle Alfonso XII de Cartagena

Qué albergará: Cerca de mil piezas, entre ellas dos galeones españoles hundidos en aguas americanas, y ánforas, lingotes de plomo sellados y sin sellar y productos del comercio y de la construcción naval.

Previsión de visitantes: Alrededor de 80.0000 al año.

Presupuesto: 24,5 millones de euros entre la construcción del edificio y el proyecto museográfico.

Trabajadores: Unos sesenta entre arqueólogos subacuáticos, restauradores, documentalistas, personal de atención al publico y guías de sala.

Superficie: 6.000 metros cuadrados.

Para exhibición de colecciones permanentes: 1.600 metros cuadrados.

Para exhibición de colecciones temporales: 500 metros cuadrados.

Almacenes: Mil metros cuadrados.

Piratería bajo los mares

Vincent Noce, periodista del diario Libération, París.


La tecnología permite ahora el acceso a los restos de naufragios ocultos en las profundidades marinas. Pero, ¿a quién pertenecen estos tesoros? Algunos Estados toleran su dilapidación.


El museo más grande del mundo yace bajo las aguas. Nadie conoce la cifra exacta, pero cientos si no millares de navíos se fueron a pique en el fragor de las batallas o bajo la violencia de las tempestades, llevándose hacia los fondos marinos ánforas romanas, lingotes de oro, cañones y cajas de porcelana china.

Para dar una idea del tráfico marítimo que alcanzó un desarrollo sin precedentes en el siglo XVI, la flota de la Compañía Neerlandesa de las Indias hizo en dos siglos 8.000 viajes de ida y vuelta a China. Pero hasta mediados del siglo XX, ante la imposibilidad de acceder a este museo sumergido, los océanos eran una inmensa caja de caudales en la que dormían esos tesoros de las civilizaciones.

Hace poco más de 2.700 años, dos de los navíos más antiguos descubiertos tuvieron un destino funesto al parecer cuando, cargados de ánforas de vino, se dirigían de Tiro hacia el Egipto faraónico. Esos dos vestigios fenicios, de menos de veinte metros de longitud, fueron localizados en junio de 1999 frente a las costas israelíes por Robert Ballard, descubridor de los restos del Titanic, y Lawrence Stager, arqueólogo de la Universidad de Harvard, a quienes se les había encargado la búsqueda de un submarino israelí, el Dakar, desaparecido en el mar en 1969 con sus 69 tripulantes. Dos pequeños robots submarinos, el Jasón y el Medea, se sumergieron a 300 y 900 metros de profundidad para filmar e iluminar los restos de los dos navíos fenicios y permitieron comprobar que se encontraban en excelente estado de conservación.
Como explica Ballard, las aguas profundas, cuyo contenido de oxígeno disuelto es más débil, constituyen una mejor protección que las aguas bajas: “A esas profundidades, la falta de luz solar y las fuertes presiones permiten conservar esos testimonios históricos mucho mejor de lo que pensábamos.” En efecto, una nave de 3.300 años de edad descubierta cerca de Turquía en aguas menos profundas, así como otras dos naves fenicias, procedentes del siglo vii a.c. halladas cerca de Murcia, en España, se encontraban en mucho peor estado.

El hallazgo de los dos navíos al sur de Israel causó sorpresa, pues se ignoraba que los fenicios comerciaran utilizando esa ruta marítima. Un decantador de vino (prueba de que entonces el vino se decantaba), anclas de piedra, vasijas de barro y un incensario se encontraron en medio de ánforas típicas del estilo de esa época tiria. Ello permitió establecer con aproximación la fecha del naufragio y sobre todo el origen de los barcos. “En un futuro próximo”, según Ballard, “se producirán sin duda otros hallazgos importantes que van a modificar radicalmente el mapa del comercio marítimo de la Antigüedad.” El descubrimiento frente a las costas de Sicilia de navíos romanos ha confirmado una hipótesis controvertida durante mucho tiempo según la cual los romanos eran perfectamente capaces de alejarse de las costas para navegar en aguas profundas.


Avances tecnológicos y nueva legislación

Ahora bien, hasta hace medio siglo, antes de la aparición de la escafandra autónoma, el hombre no tenía ningún medio para acercarse a los restos de naufragios en los fondos marinos. La primera exploración submarina, obra del comandante Jacques-Yves Cousteau, data de 1952 y se llevó a cabo cerca de Marsella, puerto sumamente activo del Mediterráneo romano. El equipo recogió ánforas griegas y romanas que dejaron perplejos a los especialistas pues entre ellas había por lo menos un siglo de diferencia, hasta que advirtieron que estaban en presencia de dos navíos que se habían ido a pique uno sobre otro. En ese entonces, no había ninguna legislación ni órgano de referencia, ni en Francia ni en otro lugar, para esta actividad que era totalmente libre. André Malraux, ministro de Cultura de Francia, creó en 1966 el departamento de investigaciones arqueológicas submarinas del Ministerio de Asuntos Culturales, obligando también a formular una declaración cuando un vestigio se descubre en las aguas territoriales.

En 1989, dos años después de la aprobación de una ley similar en Estados Unidos, el Estado francés se reservó la propiedad exclusiva de los tesoros submarinos sumergidos en sus aguas, mientras que anteriormente era posible compartirlos. Desde entonces, las declaraciones de descubrimiento disminuyeron de 250 al año a menos de 50. Para contrarrestar esta baja, el Estado estableció siete años más tarde la posibilidad de pagar una prima al descubridor, que puede llegar a 30.000 dólares según el interés científico. En la práctica, ésta se abona rara vez. El riesgo del secreto vale la pena, ya que una hermosa ánfora antigua puede negociarse por unos 1.500 dólares en el mercado.

Los aficionados piensan que las ánforas son mudas. Craso error, pues éstas “hablan”: nos informan sobre la época del naufragio, la nacionalidad de los navegantes, por no hablar de los modos de acondicionamiento de los productos transportados. Las más de las veces son ellas las que señalan a los equipos especializados la existencia de restos de barcos antiguos que, en cambio, desaparecen en la arena. Durante catorce siglos, de 770 a.c. a 700 d.c., las ánforas sirvieron para transportar vino, aceite, salmueras, especias, té… Después serán la porcelana y los cañones los que proporcionarán otras señales visibles de los naufragios. Entre las ánforas y estos últimos objetos hay un espacio en blanco, sea porque los restos de los navíos se han desintegrado o permanecen invisibles o porque el tráfico marítimo disminuyó.


Un testimonio histórico y arqueológico

Fue un cañón cubierto de sedimentos marítimos y moluscos el que señaló la presencia, en las cercanías del archipiélago venezolano de Las Aves, de la flota enviada por Luis XIV para expulsar a los holandeses de las Antillas. Después de haber saqueado Tobago, la escuadra al mando del conde Jean d’Estrées puso rumbo a Curação, donde su victoria sobre los holandeses habría sido aplastante si, el 11 de mayo de 1678, la mitad de sus naves —13 buques de guerra y 17 navíos corsarios— no hubieran naufragado a causa de la tempestad. De 5.000 hombres, 500 perecieron en medio de las olas y un millar murieron de hambre y enfermedades tras haber sido arrojados en islas desiertas.

Esta catástrofe dio al traste con las esperanzas de los franceses de reinar sin contrapeso sobre el Mar Caribe, que pronto se convirtió en un refugio de piratas. Pero hoy en día, aunque no enarbolen la bandera negra con una calavera, los piratas no han desaparecido. El venezolano Charles Brewer-Carias y el estadounidense Barry Clifford localizaron en medio de otros vestigios el navío almirante Le Terrible, defendido por 70 cañones y 500 tripulantes. Venezuela, que no dispone de medios para hacer explorar el sitio por un organismo estatal de búsquedas arqueológicas, otorgó a la empresa de obras públicas Mespa una licencia de exclusividad para excavar y comercializar todo lo que pudiera serlo. Clifford se declaró “horrorizado” por la concesión del sitio a un inversor privado: “Algún día el pueblo venezolano se sentirá a su vez horrorizado por lo que se autorizó en Las Aves.” “Trajimos un arqueólogo a bordo del navío de investigación”, se defiende Mespa, que admite sin embargo que desea rentabilizar su inversión creando una “industria” de los descubrimientos.

“Cada vez que se produce una situación similar, los grandes perdedores son los Estados. No es más que una forma moderna de piratería”, afirma John de Bry, arqueólogo de Florida. La empresa privada piensa que puede encontrar efectos personales de valor del conde de Estrées y de sus oficiales, pero los arqueólogos dudan de que una flota de guerra pueda contener un verdadero “tesoro”. En cambio, temen que se pierda el testimonio histórico y arqueológico de los vestigios y de su posición. La construcción de los navíos debería ayudar a entender mejor la arquitectura naval de la época en que Colbert creó una marina real y la industria que la acompañaba.

Efectuar una relación precisa de la posición de los diversos objetos en el fondo antes de izarlos es una operación delicada que toma tiempo y cuesta caro. La exploración submarina es una actividad sumamente onerosa en aras de un resultado aleatorio. Pero como la rentabilidad es la única preocupación de los cazadores de tesoros, y un día de excavaciones cuesta una fortuna, se apresuran a extraer lo que tenga un valor monetario inmediato, aunque deban destruir todo a su paso. Y algunos han llegado incluso a utilizar explosivos. No les interesan los vestigios sin valor que apasionan a los historiadores: una inscripción en el fragmento de una vasija puede indicar una ruta marítima, un pedazo de calzado decirnos mucho sobre la vestimenta de los marinos, un esqueleto revelar heridas o carencias alimentarias. El casco del Maurithius, que naufragó frente a las costas de Guinea de regreso de China en 1609, estaba aún tapizado de casi 20.000 escamas de cinc casi puro, testimonio del adelanto de la metalurgia china frente al retraso de Europa en la materia.

El problema de la concesión de licencias se planteó a una escala aún mayor en el archipiélago portugués de las Azores, uno de los fondos más ricos del planeta, pues constituía una escala obligada en la travesía del Atlántico. El Museo Nacional de Arqueología de Portugal ha contabilizado 850 navíos españoles y portugueses hundidos allí, muchos de ellos cargados de oro. Ochenta y ocho yacen en la bahía de Hangra do Heroismo, donde en 1972 desembarcó el cazador de tesoros británico John Grittan. La aventura concluyó para él con la cárcel, donde pasó casi dos meses, y con la prohibición de proseguir sus actividades. Hasta que casi 25 años después, amparándose en una nueva ley que autoriza a las empresas privadas a excavar los fondos del archipiélago, regresó como director de la sociedad Arqueonáuticas, presidida por el contralmirante Isaías Gomes Texeira, una de las primeras en obtener un permiso para realizar búsquedas y proceder a su explotación.

Uno de los más célebres cazadores de tesoros, Bob Marx, establecido en Florida, se declaró interesado, ofreciendo un reparto al término de la operación: 50% de los descubrimientos para él a menos de 50 metros de profundidad, 70% más allá de este límite. “¡Con esta legislación, hemos sacrificado la historia en el altar del dinero!”, exclama Francisco Alves, director del Museo Nacional de Arqueología de Portugal. Mientras tanto, los españoles analizan febrilmente los tratados de derecho para saber si pueden salvar el patrimonio de sus propios galeones.
A veces, los cazadores de tesoros realizan beneficios colosales. Uno de ellos, Michael Hatcher, de dudosa reputación, obtuvo unos quince millones de dólares de la dispersión de la porcelana china hallada en el Geldermalsen, navío holandés desaparecido en 1752 en el Mar de China. Christie’s, la principal firma mundial de ventas en subasta pública, se especializó en un momento dado en ese tipo de operaciones, pero ahora es más cautelosa en vista de las controversias y dificultades jurídicas que suscitan. Aunque Hatcher declaró haber hallado los restos del naufragio en aguas internacionales, algunos investigadores sostienen que éstos se encontraban en la zona marítima de Indonesia. Ese país inició una investigación, pero uno de sus responsables desapareció al sumergirse en el sitio, lo que ha aumentado el carácter folletinesco del asunto. Indonesia abandonó ulteriormente el procedimiento, pero en medio de rumores insistentes de corrupción de la familia Suharto, que dirigía entonces el país.

“Todo este dinero que circula agrava directamente el peligro, puesto que se reinvierte en nuevas exploraciones”, observa Lyndel Prott, jefa de la sección de normas internacionales del sector de Cultura de la UNESCO. “Los Estados toleran una dilapidación de tesoros bajo el mar que jamás aceptarían bajo tierra.”

domingo, 21 de febrero de 2010

La Batalla de Rande, Vigo.

La Batalla de Rande

Ana Mª García Junco del Pino (Historiadora y documentalista)

Rande, ¿ batalla o mito?



En Octubre de 1702 la Ría vivió un suceso bélico que tuvo una gran repercusión en Europa, la famosa batalla del estrecho de Rande.Tras dicho estrecho se había refugiado una flota hispano-francesa de la que formaban parte diecinueve galeones cargados de oro y plata procedentes de las posesiones españolas en América.


Aquellos galeones y los barcos de guerra franceses que los protegían fueron atacados y casi todos hundidos por una gran escuadra anglo holandesa. Buena parte de los tesoros se fueron al fondo lodoso de la Ría, donde se supone que todavía permanecen tras los muchos intentos de rescate que tuvieron lugar a lo largo de los Siglos XVIII y XIX.


Parte del oro y la plata se pudo salvar, otra se hundió y una tercera fue el botín de los vencedores.

Con el oro de Rande se acuñaron en Inglaterra monedas de cinco, una y media guineas; con las de plata de una corona, media corona, un chelín y seis peniques, todas con la efigie de la Reina Ana en su anverso. Circularon a lo largo de muchos años.


La Historia de la batalla

Desplegadas sus velas, entraban en la ría de Vigo los Galeones de la Plata escoltados por navíos franceses. 40 buques que, al mando del almirante Château Renault y el general Manuel Velasco Tejada, transportaban el tesoro más grande que jamás hubiera atravesado el Atlántico, con una tripulación diezmada por la enfermedad y la falta de agua y víveres.



Los apenas mil habitantes de Vigo, el 22 de setiembre víspera de Santa Tecla, contemplaban como enfilaban hacia el estrecho de Rande, a buen paso, buscando refugio. Bello espectáculo, sin duda, aunque presagio de grandes calamidades. Eran tiempos de guerra; la zona estaba desprotegida, pues las escasas fuerzas se batían en Italia y golfo gaditano; Gran Bretaña, Holanda, Austria... habían declarado la guerra a España y ansiaban hacerse con ese botín que iba a anclar en lo más profundo de la ensenada de San Simón, cerca de Redondela.

La plata, los exóticas frutos, aves, plantas y las valiosas mercancías de Filipinas y la América española, a la par que la información reservada de cuanto ocurría allí, hacía más de 3 años que no salían de Veracruz; finalmente, acabada la guerra de sucesión y entronizado el primer Borbón en España, Felipe V, fueron embarcadas en junio de 1702 y salían rumbo a Sevilla, donde eran esperadas con ansiedad por el Consejo de Indias, los comerciantes y toda Europa.

La natural curiosidad del paisanaje congregó a muchas personas, deseosas de ver de cerca los famosos galeones de la plata de la carrera de las Indias y de oir de los labios de los marineros historias de los exóticos paises...;



allí conocieron, además, que la flota fue sorprendida en medio del atlántico por las noticias de los ataques de los ingleses y holandeses a Cádiz; que decidieron variar el rumbo para no caer en manos del enemigo; que el almirante francés pensó conducirla a Brest, importante puerto militar de la Bretaña francesa y que el general español Velasco lo convenció de que la ría de Vigo estaba más cercana y evitarían un posible ataque de los holandeses; que, ya pasadas las islas Cíes, subió a bordo el capitán general de Galicia, príncipe de Barbazón, que había salido de Vigo al avistarlos intentando convencerles de que siguiesen hacia Ferrol, donde estarían más resguardados...

La actividad se hizo entonces frenética en la zona. La prudencia aconsejaba desembarcar la carga, valorada en muchísimos millones, y ponerla a buen recaudo; pero las estrictas leyes de la Casa de la Contratación de Sevilla, que monopolizaba el comercio con las Indias, castigaba con la muerte a todo aquel lo hiciese sin presencia de sus comisionados. Así pues, mientras recibía el permiso de la Corte, el príncipe de Barbazón dispuso la defensa del enclave y organizó los medios para el futuro transporte de la carga.



El estrecho de Rande fue cerrado por una cadena formada por vergas, masteleros, cables, pequeñas anclas y todo aquello que pudiese estorbar al paso de las naves; detrás de ella se colocan los navíos de línea franceses, al fondo los valiosos galeones; los promontorios de Rande y Corbeiro reconstruían sus ruinosas defensas y se armaban con cañones de hierro y bronce sacados de los barcos; a sus pies se excavaban fosas y se recurría a la marinería y a las desentrenadas milicias concejiles para defender estos y los posibles desembarcaderos.


Una parte del tesoro fué desembarcado

Más de 1.500 carretas se habían alquilado –con pago adelantado de un ducado por legua- para transportar la carga en etapas a Pontevedra, Padrón, Lugo... hasta llegar a Segovia. El día 27, al recibir el permiso para el desembarco de la plata de la Real Hacienda, se comienzan a descargar los 3650 cajones que la contenían (7 millones de pesos de plata aprox.) finalizando el día 14.

Juan Larrea, el supervisor del desembarco de la carga de los comerciantes, retrasaba la descarga tratando de ahorrarles el 20% de coste añadido y las posibles pérdidas en el camino; tal vez las naves enemigas pasaran de largo y pudiesen proseguir hasta Sevilla, pensaba...


El ataque

Quiso el azar que el capellán de uno de los barcos de la gran armada de 160 navíos ingleses y holandeses, que ya regresaba a Inglaterra tras los ataques a Cádiz, se enterase de la arribada a Vigo de los galeones, durante la aguada en Lagos. Y que un fraile, abordado en las islas Cíes, lo confirmase. Sin dudarlo, el almirante Rooke, a pesar de su ataque de gota, dispone el ataque.



El 22 de octubre la ría de Vigo se llena de velas enemigas; los cañones de Vigo disparan, pero su corto alcance no logra alcanzar a ninguno de los más de 100 navíos que disponen su plan de ataque: a ambas bandas, 25 navíos con sus brulotes encabezan la formación; las fragatas y bombardas les siguen quedando a retaguardia los navíos mayores. Unos 4.000 hombres de infantería, al mando del duque de Ormond, desembarcan en Domaio y otros tantos lo hacen en Teis, cerca de Redondela, desmantelando las defensas de Rande, tomando las poblaciones ribereñas y haciendo huir a las milicias que las defendían.

La naumaquia empieza pronto; la cadena es rota fácilmente y el fuego de los cañones hace estragos; en ese angosto fondo de botella prácticamente se lucha cuerpo a cuerpo. Los incendios se generalizan a bordo –así la carga se hundirá en el mar y luego será rescatada- y el desconcierto es total. En apenas 5 horas dramáticas, hostigados por mar y tierra, todo está perdido para los españoles: 8 naves incendiadas, 18 apresadas, 10 hundidas, 2 varadas. Imnumerables los muertos y muchos los prisioneros.

El almirante Rooke, ordena desvalijar e incendiar cuantos barcos no puedan acompañarle a Inglaterra; el resto lo hará con su carga y bodegas selladas; ese rico botín –piensa- aumentará su prestigio y acallará las voces de los compatriotas que se oponen a los ingentes gastos que suponen las expediciones marítimas. No olvida seguir la pista a todas las mercancías sacadas de los barcos los días previos, escondidas por lugares cercanos; por su parte, Ormond, reparte entre la infantería los bienes encontrados en tierra y planea seguir la conquista hasta Vigo. Pero la tentación de volver a Gran Bretaña, victoriosos y con un gran botín, le decide a desistir de su plan.

El 31 de octubre, profusamente engalanados los mástiles y sonando las trompetas, la armada victoriosa pasa frente a Vigo llevando su botín. Al fondo de la ría queda la muerte, la desolación, la ruina... y el nacimiento de un mito: los tesoros hundidos en la bahía de San Simón, en Rande.


La fama de Rande

A partir de entonces el nombre de Vigo se popularizó en Europa, debido a la abundante documentación que generó el suceso, con impresión de numerosos grabados conmemorativos y de artísticos mapas para explicar y perpetuar la batalla.

La Batalla de Rande, en fin, sirvió para inspirar a Julio Verne.

En su novela " Veinte mil leguas de viaje submarino" convierte al capitán Nemo en uno de los primeros buscadores de tesoros. Su legendaria nave el Nautilus había sido financiada con parte del tesoro de Rande. Nemo regresó a lo largo de su novela a la ría de Vigo en busca de más riquezas necesarias para mantener su numerosa tripulación y su sofisticada nave.

Nemo fue el primero pero tras él buscadores de tesoros famosos en el mundo entero se acercaron a la bahía con intención de rescatar del fondo del mar alguno de los galeones cargados con riquezas inimaginables.
De los ciento ocho millones de piezas de plata, oro y otras mercancías preciosas que viajaban en los navíos españoles, la flota de piratas anglo-holandeses, tras la feroz batalla, se llevó unos cuarenta millones de piezas. El resto permanece, hoy, en el fondo de la ría viguesa, sin que nadie haya rescatado ningún tesoro de cuantía importante.
El fondo del mar parece haber engullido la historia y las riquezas y aunque cuentan los más viejos que las playas acostumbran a teñirse de oro cuando el mar decide devolver parte de lo que descansa en el lecho submarino, no existen testigos fiables de estos acontecimientos.

Es posible que en el futuro gracias a las nuevas tecnologías la recuperación de las riquezas perdidas pueda ser una realidad. Hasta el momento es solo un sueño mantenido vivo por los buscadores de tesoros que regularmente se acercan por estas costas esperando ser los afortunados que sean capaces de arrebatarle al mar lo que en tan lejanas fechas se depositó en el lecho marino.

La Arqueología Subacuática en España

Junta de Andalucía

Contamos en Andalucía con una ingente documentación relativa al Patrimonio Arqueológico Subacuático generada por la intensa relación comercial del territorio andaluz con otros pueblos desde la más remota antigüedad. Archivos, bibliotecas, hemerotecas, cartotecas, etc, tanto de carácter público como privado, depositan entre sus fondos documentos de diversa tipología que contienen información sobre este patrimonio: fuentes impresas (monografías, publicaciones seriadas), fuentes manuscritas (protocolos notariales, expedientes de naufragios, derroteros) así como documentación gráfica (mapas, cartas náuticas, portulanos).

Una valiosa fuente de información para los investigadores interesados en el tráfico comercial indiano es el Archivo General de Indias con sede en la ciudad de Sevilla. Creado en 1785 por orden del rey Carlos III, este Archivo custodia toda la documentación administrativa generada por las relaciones de la metrópolis española con las colonias americanas durante más de tres siglos. Otras fuentes de información valiosas son las orales. Pescadores y buceadores deportivos, como buenos conocedores de su territorio, pueden contribuir a localizar restos arqueológicos sumergidos en aguas andaluzas.


Previo al comienzo de cualquier actuación arqueológica es imprescindible la realización de un trabajo de documentación que sistematice las fuentes de información que, tanto escritas como orales, haya sobre la zona en la que se va a trabajar. En este sentido el Centro de Arqueología Subacuática del IAPH ha elaborado un análisis de estas fuentes relacionadas con el Patrimonio Arqueológico Subacuático de cada una de las provincias andaluzas que poseen litoral marino. Al mismo tiempo fueron revisados los fondos documentales de distintos archivos administrativos (Autoridades Portuarias, Demarcaciones de Costa, etc). Este compendio, incluido en la Carta de Riesgo Antrópico del litoral andaluz, trata de valorar el potencial de las fuentes documentales marcando líneas prioritarias de investigación en función de su riqueza informativa.