lunes, 4 de abril de 2011

La batalla de Lepanto


Desde que los turcos tomaron Constantinopla en 1453, toda Europa estaba amenazada por el Islam. En el Mediterráneo oriental eran recuentes los ataques de los corsarios otomanos a importantes asentamientos europeos principalmente en África y Asia menor. El comercio peligraba y la fé católica y la cruz  podía sucumbir ante la media luna y el islamismo.
 
  El sultán Selim II, en 1570 inició la conquista de Chipre y la tomó pasando por cuchillo a toda la guarnición. Los sobrevivientes que eran Venecianos piden ayuda urgentemente a las potencias cristianas y sólo el Papa Pío V les responde. Este a su vez convence al rey de España Felipe II para que también ayude. Se forma entonces la Liga Santa o Cristiana formada por España, Venecia y los Estados Pontificios quienes armaron una formidable escuadra para combatir a los turcos y frenar su expansionismo por el mediterráneo oriental.
  Las mayores escuadras de su tiempo, la cristiana y la musulmana, se enfrentaron en las aguas de la ciudad griega de Lepanto, en el actual estrecho de Corinto, el 7 de octubre de 1571.
  Muchos exploradores, incluido Jacques Cousteau, han buscado en vano los restos de la batalla que mantuvieron seiscientos barcos con más de doscientos cincuenta mil hombres a bordo. Ahora un equipo de arqueólogos submarinos han hallado una evidencia sensacional…

Hallan en el fondo del mar una valiosa cadena de oro de un galeón español


'El Nuestra Señora de Atocha' se hundió en 1622 cerca de Cayo Hueso, en el sur de Florida, como consecuencia de un huracán.





Miami (EE.UU.) (Efe).- Una cadena de oro con un crucifijo valorada en 250.000 dólares (unos 182.000 euros), que formaba probablemente parte del tesoro del galeón español del siglo XVII Nuestra Señora de Atocha, fue hallado a unos 48 kilómetros de Cayo Hueso (sur de Florida, EE.UU.) informaron hoy medios locales.
La cadena de oro, de algo más de un metro de largo, muestra cuentas similares a las de un rosario e incluye una moneda también de oro con motivos religiosos y un crucifijo con inscripciones en latín.


Fue un submarinista del Museo Marítimo Mel Fisher, situado en Cayo Hueso, el que halló la cadena en el fondo marino mientras el equipo de cazatesoros buscaba restos de la sección de castillo de popa del galeón español, que naufragó en las costas de este estado cargado de oro y plata en 1622.
El Nuestra Señora de Atocha se hundió ese año cerca de Cayo Hueso como consecuencia de un huracán mientras intentaba regresar a España. Parte del tesoro, compuesto por más de cien mil monedas de plata españolas y valorado en 450 millones de dólares (unos 328 millones de euros), fue descubierto en 1985 por el cazatesoros Mel Fisher, que murió en 1998, a la edad de 76 años.


Los descendientes de Fisher, que poseen los derechos del barco naufragado, siguen buscando el resto del tesoro procedente del Atocha. "El tesoro hallado del 'Atocha', de más de cuarenta toneladas de plata y oro", se compone de monedas denominadas "piezas de ocho", esmeraldas, cadenas de oro, objetos preciosos y lingotes de plata, según la página Tesoros del Mel Fisher.
Según los descendientes del famoso cazatesoros, unos 400 lingotes de plata y más de 100.000 monedas podrían permanecer todavía depositados en el fondo marino.




Galeón Nuestra Señora de Atocha: 

domingo, 21 de noviembre de 2010

Trafalgar emerge dos siglos después

El botón de un uniforme francés permite identificar el pecio de Cádiz donde el buque 'Fougueux' naufragó en 1805 tras participar en la histórica batalla.

PEDRO ESPINOSA - Cádiz - 31/10/2010


En la inmensidad del océano Atlántico, un simple botón ha dado la respuesta a una incógnita histórica. El botón 79, procedente de un uniforme francés del siglo XIX, ha permitido localizar, sin riesgo a equivocarse, el punto exacto donde descansan los restos del Fougueux (Fogoso), un navío francés que se hundió con medio millar de soldados tras haber participado en la histórica batalla de Trafalgar (1805). Es la primera vez que, de forma científica, se verifica el pecio de una embarcación protagonista de la celébre contienda.

La investigación, coronada con éxito por el Centro de Arqueología Subacuática de Andalucía (CAS), con sede en Cádiz, tiene sus raíces en viejas creencias. Durante años se sospechó que un conjunto de cañones sumergidos frente a la playa de Camposoto, en San Fernando (Cádiz), pertenecían a un buque hundido en la batalla de Trafalgar, que enfrentó a una escuadra combinada de Francia y España contra la armada inglesa.

Las pesquisas del CAS arrancaron en 1999, cuando un buzo, Juan Domingo Mayo, avisó al entonces recién creado centro de la existencia de unos cañones perfectamente visibles en una laja submarina a nueve metros de profundidad. Así arrancaron 10 años de análisis, inmersiones y búsquedas del personal del CAS, un organismo que depende de la Consejería andaluza de Cultura. Los arqueólogos se sumergieron varias veces y comprobaron la existencia de restos de un buque de guerra de época moderna o contemporánea. Enseguida se pensó en Trafalgar. La batalla había dejado tras de sí numerosos hundimientos.

"Revisamos las fuentes documentales y descubrimos que el Fougueux se había hundido en la zona", recuerda la arqueóloga Nuria Rodríguez. El Fougueux llevaba a bordo a más de 500 hombres. Había partido en agosto de Ferrol. Al llegar a Cádiz, se colocó en primera línea y no resistió los ataques de la armada británica, aunque logró sobrevivir. Por poco tiempo. Lo que no logró el enemigo, lo consiguió un gran temporal, que provocó el hundimiento de la mayoría de los 33 buques españoles y franceses. Al Fougueux trataron de remolcarlo sin éxito. Se hundió con su medio millar de soldados franceses presos y una veintena de ingleses a bordo. Sobrevivieron 21 hombres, que llegaron a la playa, fueron alimentados en el Ventorrillo El Chato y dieron pie a relatos que salen a flote 205 años después.

Probar que los cañones encontrados y otros restos eran del Fougueux no ha sido fácil. No en vano ha costado una década. Su investigación se enmarcó en el proyecto Trafalgar, con el que el CAS celebró el bicentenario de la batalla hace cinco años. Se analizaron en laboratorio dos cañones. Aunque se supo que eran franceses, por sí solos no suponían una prueba fundamental. En realidad, la indagación fue una continua acumulación de pruebas sin ninguna concluyente.

En 2006 y 2008 se realizaron sondeos. Estas excavaciones son las que han aportado la mayor parte de las piezas y datos. Gracias a ellos, se identificó la quilla y se situaron la popa y la proa. "Todo apuntaba a que era una construcción francesa, lo que hacía pensar en el Fougueux, pero en esos años había muchos barcos que se construían a la francesa", relata Nuria Rodríguez. Es decir, aunque tenía diseño francés podía ser español o inglés.

El forro externo del barco correspondía también a una factura francesa pero tampoco era concluyente: en la época se dio un intenso comercio e intercambio de materiales. Con la artillería ocurrió lo mismo. Se hallaron 31 de los 74 cañones que tenía el barco, y aunque se demostró que eran de una fundición francesa, tampoco se podía obtener una conclusión clara. "En tiempo de guerra hay mucho trasvase de armamento", detalla la arqueóloga. Ni siquiera las monedas francesas con la cara de Luis XVI permitían ser resolutivos. "Teníamos la cronología pero no una prueba científica para identificar el barco, porque las monedas podían ser robadas o fruto de un negocio".

Una recreación del Fougueux, hundido frente a la playa de Camposoto, en San Fernando (Cádiz).


La respuesta llegó con los botones. Durante uno de los sondeos apareció un conjunto numeroso. Junto a las hebillas, era el cierre más habitual de la indumentaria militar de la época. Buena parte de ellos estaban numerados según el regimiento al que pertenecían los soldados. Los del 79 iban embarcados en el Fougeaux, entre otros.

Pero la culminación de este trabajo no cierra la investigación. Deja la puerta abierta a futuros estudios. Se presumen mucho más restos escondidos bajo las rocas, pero en arqueología subacuática siempre prima más la conservación que la extracción, así que no se excavará más. "Es el principio de mínima intervención", responde la directora del CAS, Carmen García Rivera. Ahora que se sabe la nacionalidad del barco, España debe decidir si lo notifica a Francia. La convención de la Unesco lo recomienda pero no marca una obligación. La notificación es una decisión política. Francia puede querer investigar el pecio pero el Gobierno español no está forzado a autorizarlo.



La incógnita que despejó el 79


- La numeración de los botones se correspondía con los regimientos. Aparecieron del 1, 5, 77 y 79. La documentación histórica narra que el regimiento 79 se embarcó en el Argonaute, el Redoutable y el Fougueux. Los dos primeros se hundieron en alta mar. "Fue la clave. El botón cerró todos los círculos, permitió unir el resto de pruebas y certificar la identidad del navío", detalla Rodríguez.

- El pecio del Fougueux fue carne de expoliadores. El CAS tiene también localizado en la gaditana playa de La Caleta los posibles restos del Bucentaure, otro navío francés de la época.

- Además de botones, en el pecio se hallaron zapatos, hebillas, monedas, un bacín para que algún oficial hiciera sus necesidades, una lavativa de temible tamaño, un torniquete, restos de leña para el horno de hacer el pan, huesos de vaca, que viajaban vivas para servir de alimento, y restos de ratas, que dan una idea de la insalubridad de esos viajes.

miércoles, 6 de octubre de 2010

Cultura y Defensa abren el libro del rico legado sumergido

Los Ministerios de Defensa y Cultura hacen un balance positivo de la primera campaña de protección del patrimonio, en la que han localizado 128 restos arqueológicos entre las zonas de Tarifa y el Guadalquivir

Virginia León / Cádiz | Actualizado 06.10.2010 - 05:00

A cuatro millas de la costa gaditana, frente a las aguas de la Base Naval de Rota, permanece hundido uno de los pecios entre los 500 y 800 que atesora el litoral gaditano. Uno de los 128 restos arqueológicos o "contactos" -como les llaman técnicamente desde la Armada- que han sido localizados entre el área de la desembocadura del Guadalquivir y Tarifa, a tenor de la campaña de protección de patrimonio arqueológico subacuático puesta en marcha por el Ministerio de Defensa, el Ministerio de Cultura y la Junta de Andalucía, con la participación del Centro de Arqueología Subacuática (CAS).

No se trata del Santísima Trinidad ni del Reina Regente -que aún no han sido localizados-, pero sí de una parte sumergida de nuestra historia, hasta cuyas coordenadas arribó el cazaminas Sella, una de las embarcaciones destinadas a las labores de búsqueda e identificación de los naufragios. Desde aquí las ministras de Defensa, Carme Chacón y de Cultura, Ángeles González-Sinde, en compañía del consejero de Cultura de la Junta de Andalucía, Paulino Plata y la delegada provincial de Cultura, Yolanda Peinado, pudieron visualizar las imágenes que de estos vestigios emitía el vehículo de control remoto (ROV), sumergido previamente en las profundidades del apacible Océano del que se pudo disfrutar ayer.

Su avanzado mecanismo permitió vislumbrar algunas de las múltiples radiografías realizadas de nuestros fondos durante el primer mes de trabajo, del que se hizo un "exitoso" balance, en este frente abierto hacia la protección de nuestro rico legado histórico subacuático.

Según indicó el jefe de campaña, Daniel González Aller, durante estas semanas se han localizado 128 restos arqueológicos o contactos, de los cuales 15 ya han sido identificados y sólo uno -correspondiente a un conjunto de anclas del siglo XVIII-, ha sido declarado de gran interés arqueológico.

Son los primeros datos de un programa puesto en marcha a fin de completar la carta arqueológica subacuática del litoral español que facilite la localización, identificación y evaluación de los yacimientos. Una labor que, tal y como señaló la ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, pretende descifrar las páginas de "ese libro vivo que es el mar, en cuyo lecho está escrita una parte muy importante de nuestra historia".

Tras alertar sobre el atractivo que suscitan estos pecios, incidió en la necesidad de protegerlos ante el expolio y en las ventajas que aporta su mayor conocimiento de cara al presente. "La oportunidad de leer este libro sólo surge una vez", dijo.

La ministra de Defensa, Carme Chacón, hizo referencia a las bellas palabras de Álvaro Mutis en relación a la vocación, voluntad y obligación de conservar este legado. "Donde unos ven un botín, nosotros vemos historia, donde unos ven oro, nosotros encontramos patrimonio y donde unos quieren expoliar, nosotros queremos conservar".

Y aunque avanzó que ninguno de los hallazgos responde a los emblemáticos buques -Reina Regente y Santísima Trinidad- de cuyas búsquedas partió el ambicioso proyecto, resaltó la valiosa "experiencia" adquirida a la hora de completar el trabajo de futuro, "que con el tiempo permitirá que la arqueología subacuática deje de ser una asignatura pendiente".

Por su parte el consejero de Cultura, Paulino Plata, destacó la importante labor de coordinación entre las distintas administraciones participantes, antes de valorar la riqueza de este patrimonio sumergido, "de los más ricos del mundo". "Pocos países cuentan con esta historia y pocos tienen el interés de España por protegerla", aseguró.

El consejero señaló la atención que desde siempre ha prestado el gobierno andaluz a esta labor de protección, como muestra la creación del Centro de Arqueología Subacuática (CAS) en el año 1997 y la puesta en marcha de las cartas arqueológicas de los fondos. Labor que ha permitido la pionera declaración de Bien de Interés Cultural de 56 zonas protegidas y la declaración de 42 zonas de servidumbre. Un número de yacimientos que puede ampliarse con este proyecto.

Y es que el convenio firmado entre los ministerios de Cultura y Defensa ha puesto sobre la mesa los medios materiales y humanos necesarios, así como los fondos documentales de que dispone la Armada, en la protección de estos vestigios.

Concretamente han participado en esta campaña que mañana concluye los cazaminas Turia -del 8 a 17 de septiembre- y Sella -del 20 de septiembre al 7 de octubre-, así como la lancha del Instituto Hidrográfico de la Marina Escandallo. Más de un centenar de marinos, además del equipo mixto de buceadores procedentes de la Unidad de Buceo de la Flotilla Contra Minas y del CAS, han trabajado mano a mano en el proyecto con minuciosos sistemas de detección. Entre ellos, un sonar de profundidad variable -para la detección, localización y clasificación de objetos sobre el fondo marino-, un vehículo de control remoto ROV Pluto Plus -para la identificación mediante cámaras de televisión de los restos detectados-, un sondador multihaz -para los trabajos de mapeo y visualización de los fondos- y un sónar de barrido lateral -equipo portátil de alta resolución-.

Este convenio, en el que se han invertido más de dos millones de euros , se enmarca en el Plan Nacional para la Protección del Patrimonio Arqueológico y forma parte de la Convención sobre la Protección del Patrimonio Cultural Subacuático de la Unesco que España ratificó en 2005.

Una primera campaña enmarcada en la actividades previstas en el Protocolo General sobre colaboración y coordinación en este ámbito suscrito en julio de 2009 en Cartagena. Ahora, sólo falta ahondar en los primeros resultados de este rastreo por el libro del rico legado sumergido del litoral español, andaluz y gadit

viernes, 20 de agosto de 2010

'Odyssey' presenta apelaciones y dice que los argumentos españoles son sólo "ficción"

La empresa pide que se anule la decisión del juez de Tampa de devolver el tesoro a España

Agencias / Madrid | Actualizado 20.08.2010 - 05:00


La empresa estadounidense Odyssey presentó el miércoles ante un tribunal de apelaciones de EEUU su respuesta al último informe de España sobre la propiedad del tesoro de monedas de oro y plata que la empresa norteamericana encontró en mayo de 2007 y que fue valorado en 500 millones de dólares.

En el documento, de 39 páginas, se pide que se anule la decisión del juez de Tampa (Florida) para que entregue al Estado español el tesoro y argumentan que la respuesta de España al caso Odyssey "aunque está bien escrita, es sólo ficción".

"El lenguaje incendiario que ha utilizado España en su respuesta ha servido para distraer de la verdad y de los temas realmente relevantes", señala Melinda MacConnel, vicepresidenta y consejera general de Odyssey.

En el documento, los responsables de Odyssey indican que los hechos han sido presentados en el Juzgado de una forma "cautivadora e interesante" y explican que quizás por ello el juez vio "inexactitudes" en muchas de las alegaciones presentadas. Entre ellas, declaran que entre los restos encontrados no había "ningún buque ni restos humanos" en el sitio donde localizaron al Cisne Negro. Igualmente, advierten que Odyssey actuó legalmente y de manera adecuada en la recuperación de las piezas del Cisne Negro.

Asimismo, alegan que España en los tribunales presentó una imagen de Odyssey como si fuera "cazadores de tesoros malvados" y los "villanos" que quieren robar "el sagrado cementerio" de los marineros españoles. En este sentido, señalan que La Mercedes estaba en una "misión comercial" en su último viaje -un hecho que anula legalmente la pretensión española de inmunidad-.

Un sonar ofrece nuevas imágenes del navío Rayo hundido en Doñana

(Huelva Información)

Participó en la batalla de Trafalgar, cañoneado y desarbolado llegó a la desembocadura de Guadalquivir donde quedaría para siempre
El navío Rayo construido en La Habana en 1749 se encuentra hundido en las costa de Doñana. Se trata de uno de los barcos de la armada francoespañola que participaron en la batalla de Trafalgar el 31 de octubre de 1805, quedando después desarbolado y encallado en Arenas Gordas. Hoy está perfectamente localizado a 300 metros de la orilla y a sólo siete metros de profundidad, según ha podido comprobar el equipo del arqueólogo subacuático Claudio Lozano.
Ahora, a demás, se ha podido constatar la presencia del yacimiento arqueológico que supone el navío Rayo gracias aun sensor de barrido lateral, en un programa organizado por la Universidad de Huelva en el que han participado el Grupo de Investigación de Geología Costera, formado por José Borrego y Juan Antonio Morales, conjuntamente con el arqueólogo subacuático Claudio Lozano.

Es un sistema de impulsos acústicos a través de un sensor que se diseñó hacia los años cincuenta para la teledetección de submarinos y para usos oceanográficos y geológicos. Actualmente el sistema se encuentra muy desarrollado. Supera la detección óptica convencional y puede utilizarse en aguas frías, turbias y a altas profundidades. Cubriendo rangos de detección entre 25 metros y un kilómetro de ancho; ha servido para el descubrimiento de importante naufragios como el Mary Rose, el USS Monitor y el Titanic.

Ahora se ha aplicado con total éxito sobre los restos del navío Rayo, el primer buque español hallado de la batalla de Trafalgar y que descansa en aguas onubenses. "Es, además, la primera vez que se utiliza con un rotundo éxito en nuestra costa", como afirma Claudio Lozano.

El arqueólogo subacuático asegura que estas imágenes "han contribuido a completar la planimetría del yacimiento, a posicionar los restos de artillería del buque y a ver la dispersión de las piezas, entre ellas la localización del obús de rovira".

Claudio Lozano asegura que el proyecto se encuentra en su última fase y todos los resultados se presentarán en una memoria final a la Delegación Provincial de Cultura de la Junta de Andalucía.

Hay que destacar que al interés arqueológico de Rayo, para conocer y recuperar los elementos que lo formaba, se suma ahora el hecho de la celebración en 2005 del Bicentenario de la Batalla de Trafalgar, que tuvo lugar en octubre de 1805.

viernes, 16 de julio de 2010

Encuentran restos de un barco del siglo XVIII en la 'zona cero' de Nueva York

La embarcación se habría hundido en esa zona del sur de la ciudad cuando se amplió hacia el río Hudson. Estaba a una profundidad de 9 metros por debajo del lugar donde estaba el World Trade Center.
EFE | ACTUALIZADO 15.07.2010 - 19:25





Los trabajadores de la zona cero del sur de Manhattan han encontrado los restos de un barco de casi diez metros de largo que podría ser del siglo XVIII y que se habría hundido en esa zona del sur de la ciudad cuando se amplió hacia el río Hudson, informó el diario The New York Times.

El diario señala que los trabajadores que limpian de escombros la zona cero dieron con la embarcación el pasado martes y que ésta estaba enterrada a una profundidad de entre seis y nueve metros debajo de donde estuviera hasta el 11 de septiembre de 2001 el complejo del World Trade Center, construido en la década de los sesenta del pasado siglo.

El arquitecto Michael Pappalardo, de la empresa AKRF, una de las contratadas para la Autoridad Portuaria de Nueva York y Nueva Jersey para documentar los hallazgos históricos que puedan encontrarse en esa obra, corroboró el descubrimiento y dijo que el navío podría haber sido originalmente hasta dos o tres veces más largo de la porción encontrada.

Se trata del mayor descubrimiento arqueológico realizado en esta ciudad desde 1982, cuando se encontraron los restos de un buque mercante del siglo XVIII en unas obras de la calle Water, en el sur de Manhattan.

"La embarcación al parecer data de mediados del siglo XVIII y ha estado ahí durante más de 200 años", señala el diario que subraya que los arqueólogos de la ciudad están maravillados por la importancia del hallazgo, muy cerca de donde, según un mapa de 1797, había un embarcadero y donde se proyectó construir un lago.

Pero también, dijeron los expertos, hay que actuar con rapidez para rescatar la nave, ya que su casco de madera, al no estar ya protegido por la tierra, "se deteriora rápidamente en su contacto con el aire", por lo que lo están recubriendo de barro.

La ausencia de sol y la lluvia que afecta a Nueva York estos días, sin embargo, favorece la conservación de la embarcación, indicó al diario el arqueólogo responsable de preservar el patrimonio histórico neoyorquino, Doug Mackey.

Entre los restos, los trabajadores de la zona cero han encontrado también una gran pieza metálica semicircular perteneciente al barco y un zapato de cuero de la época.