domingo, 11 de marzo de 2012

600 naufragios en la Bahía

Una base de datos de patrimonio histórico recoge información de cada uno de estos barcos, entre los que podrían figurar los dos pecios recientemente hallados en las obras del puerto

VIRGINIA LEÓN / CÁDIZ | ACTUALIZADO 11.03.2012 - 05:00


 La riqueza de los fondos marinos de la Bahía de Cádiz es incalculable. Tan solo en esta área se han documentado 600 posibles naufragios cuya cronología varía entre los siglos XV y XX, de los cuales unos 200 pueden estar hundidos frente a las costas de esta ciudad.


De su existencia se han podido certificar algunos pecios en la última década, entre los que figuran el Fougeaux o Bucentaure -localizados en la Caleta y Camposoto, respectivamente- a los que podrían sumarse las dos embarcaciones "probablemente del siglo XVII o XVIII" halladas al hilo de las obras de la nueva terminal de contenedores del puerto gaditano.

El comercio con América y el traslado a Cádiz de la Casa de la Contratación en 1717 fueron determinantes para que nuestros fondos nos salpiquen de historias.

Todas ellas -las que conocemos hasta nuestros días- forman parte de un inventario vivo, "en permanente revisión", que puede verse inflado e incluso mermado, explica Carmen García Rivera, directora del Centro de Arqueología Subacuática de Cádiz. Se trata de una base de datos recogida en el Sistema de Información del Patrimonio Histórico de Andalucía, que se antoja "de gran utilidad de cara a la protección del patrimonio arqueológico subacuático", asevera.

 En el caso de los hallazgos en las obras del futuro puerto de Cádiz, por ejemplo, ha sido de vital importancia el reconocimiento de las zonas protegidas. "Teníamos información procedente de fuentes documentales y tenemos información real por las distintas campañas arqueológicas subacuáticas que se hicieron previamente. Esto permitió que se protegiese la zona y que se establecieran las cautelas arqueológicas pertinentes antes del inicio de la obra", comenta la directora del CAS.

 Y es que estas obras se desarrollan en una de las seis zonas de servidumbre arqueológica declaradas en la provincia de Cádiz, que son lugares donde se presuponen fundadamente que existen restos arqueológicos. Solo en Andalucía existen 42, así como otras 56 zonas arqueológicas, que son espacios donde se sabe que existen tales restos. "Es una figura que protege jurídicamente el patrimonio" y gracias a la cual hoy sigue adelante el proyecto de investigación de estos dos pecios, de los tres lingotes de oro, las monedas y la coraza recientemente localizados en Cádiz.

 Ahora la cuestión es conocer estos pecios para determinar qué estrategias seguir de cara a una segunda fase. Una investigación que puede cambiar el rumbo de las obras del futuro puerto. "Las opciones son dejarlos in situ, trasladarlos a otra zona o bien recogerlos, siempre que se garantice su integridad fuera del agua", esgrime Carmen García Rivera, entre las posibles hipótesis.

 Lo que sí está claro es que el objetivo es "hacer compatible, en la medida de los posible, el desarrollo de las obras necesarias con la protección del patrimonio arqueológico subacuático".

 Una vez realizadas las inmersiones en sendos pecios puede que se confirme si se trata de dos de los 600 naufragios documentados en la Bahía de Cádiz.

 Son naufragios cuya información se ha obtenido por fuentes documentales y orales. Todavía se siguen investigando las primeras -en función del presupuesto y la programación- y de las segunda, las orales, todavía se echa en falta una mayor implicación por parte de los sectores vinculados al mar.

 "Pueden ser pescadores, clubes marítimos, buzos... personas cuyo contacto con el mar es prácticamente a diario y que pueden percatarse de movimientos extraños o malas prácticas como el expolio". "Si bien -señala García Rivera- no es habitual que vengan".

 Muchos de estos profesionales conocen algunos secretos de los fondos gaditanos, aunque también las leyes que los protegen. Saben también que en aguas de La Caleta y Sancti Petri naufragaron muchas embarcaciones. "Se trata de una zona de gran interés en términos clásicos".

 Son fondos en los que frecuentemente ha aparecido material con entidad tanto fenicios como púnicos. Precisamente el CAS trabaja ahora en un yacimiento de la Caleta del que se está extrayendo material relevante de esta época.

 El resto de fondos de la Bahía presenta gran relevancia en cuanto a yacimientos de época moderna.

 En este punto se plantea un gran dilema. ¿En qué momento o a partir de qué siglo deja un pecio de tener interés desde el punto de vista de la protección de patrimonio?. "Según la Unesco -aclara la directora del CAS- desde cien años atrás, pero según la Ley de Patrimonio, siempre que reúna los valores que lo hagan constitutivos del patrimonio histórico de Andalucía". En este apartado se abre un amplio abanico de posibilidades.

 Por eso la otra gran pregunta, tal y como está el panorama económico, es: ¿conviene encontrar restos?. Hay que tener en cuenta que el rescate de cualquier elemento de entidad puede suponer una inversión importante. "Siempre conviene localizar elementos de interés", dice contundente García Rivera.

 De hecho, es "muy importante descubrir para proteger, aunque sea in situ, porque si quieres proteger algo tienes que conocer". Y en estas anda el CAS desde que en 1997 abrió sus puertas. Conocer para investigar. Investigar para proteger. Y proteger para conservar impecable la historia de nuestros ricos fondos.


http://www.diariodecadiz.es/article/ocio/1205360/naufragios/la/bahia.html

martes, 21 de febrero de 2012

Lingotes de plata en la Bahía de Cádiz

La Guardia Civil vigila una zona en la que se han encontado restos de un navío naufragado para evitar posibles expolios.

El primero de los lingotes hallados en las obras de la nueva terminal de contenedores.




Las obras en el puerto de Cádiz han sacado a la luz un nuevo tesoro. Los restos de un antiguo navío, cuatro lingotes de plata, una moneda de Carlos III.

Semanas atrás apareció un primer lingote de plata de unos ocho kilos de peso y una moneda también de plata, concretamente un real de a ocho de Carlos III. Según indican, días más tarde fueron encontrados otros dos lingotes.

La Delegación de Cultura y el Centro de Arqueología Subacuática procedieron a acotar una zona restringida para el dragado. Se trata, concretamente, de una zona de 200 metros de largo por 70 de ancho que se ha dividido en 33 celdas de exploración arqueológica.

El Grupo Ensidesa de Actividades Acuáticas de la guardia civil trabaja para recuperar los valiosos restos. Según el Archivo de Indias, sólo en el golfo de Cádiz, hay 800 buques hundidos.

http://www.abc.es/20120217/cultura/abci-encuentran-lingotes-plata-cadiz-201202171630.html#.Tz66ZJ_3NOc.facebook

http://www.elmundo.es/elmundo/2012/02/15/andalucia/1329305493.html

http://www.diariodecadiz.es/article/ocio/1185906/encuentran/pecio/y/varios/lingotes/plata/las/obras/nuevo/puerto.html

viernes, 30 de septiembre de 2011

Hallan dos nuevos pecios 'modernos' en la Bahía de Cádiz

Las primeras hipótesis apuntan que el origen de uno es aproximadamente el siglo XVIII y el otro del X

El área comprendida entre la desembocadura del Guadalquivir y Tarifa esta siendo objeto de la segunda fase de la campaña de protección del patrimonio arqueológico subacuático que desde hace más de un año desarrollan conjuntamente los ministerios de Cultura y Defensa y la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía.

La primera campaña ha sido «exitosa desde el punto de vista arqueológico y científico» tras el hallazgo de dos pecios 'modernos' en la bahía de Cádiz. Además se han detectado 134 contactos, considerando que 84 de esas anomalías podrían tener interés arqueológico.

Las primeras hipótesis apuntan a que se trata de dos pecios "modernos", uno de aproximadamente el siglo XVIII y el otro del XX. Ambos han sido localizados próximos a la costa en la Bahía de Cádiz.




El Centro de Arqueología Subacuática (CAS) de Cádiz ha acogido este viernes la reunión que se considera el punto de partida de esta segunda fase, que centrará los trabajos en cuatro subáreas concretas: Bahía de Cádiz , desembocadura del Guadalquivir, área frente a Zahara de los Atunes y el entorno de la Isla de Tarifa, donde "hay mucha información sobre pecios púnicos y romanos".

En la elección de estas áreas se ha tenido en cuenta la información con la que cuenta el Instituto Hidrográfico de la Marina sobre obstáculos para la navegación y con la información arqueológica documental u oral que posee el CAS sobre posibles yacimientos en la zona.

Además de responsables y técnicos del CAS y de la Armada, la reunión ha contado con la asistencia de la directora general de Bellas Artes y Bienes Culturales del Ministerio de Cultura, Angeles Albert, y la directora general de Bienes Culturales de la Junta, Margarita Sánchez. Ambas han destacado que el fin último de estos trabajos es la investigación, la puesta en valor y protección del patrimonio subacuático, así como evitar su expolio.

La segunda campaña se desarrollará gracias a una aportación de 60.000 euros por parte del Ministerio de Cultura, mientras que la Junta y la Armada aportan medios técnicos y humanos valorados en similar cuantía. Entre otras novedades, la Armada pretende incorporar nuevos equipos al trabajo, previendo la adquisición de perfiladores, magnetómetros, y sónar de barrido lateral.

El área comprendida entre la desembocadura del Guadalquivir y Tarifa es considerada como una de las de mayor interés del mundo desde el punto de vista de la arqueología submarina, estimándose que aglutina alrededor de 800 de los 3.000 restos de interés que se cree que reúne el litoral español. En este punto, la Junta ha detallado que el Golfo de Cádiz cuenta con 56 zonas protegidas como Bien de Interés Cultural (BIC) y con 42 zonas de servidumbre.

Esta actuación programada es la continuación de las labores que viene realizando desde 2010 el CAS del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico para la ejecución de la Carta Arqueológica Subacuática. Los trabajos se enmarcan dentro del Plan Nacional de Protección del Patrimonio Cultural Subacuático elaborado por el Ministerio de Cultura.

http://www.lavozdigital.es/cadiz/20110930/mas-actualidad/cultura/hallan-nuevos-pecios-modernos-201109301843.html

martes, 5 de abril de 2011

Cazaminas contra cazatesoros

T. CONSTENLA / P. ESPINOSA - Madrid / Cádiz - 06/10/2010

La Armada detecta 128 pecios en el golfo de Cádiz durante la primera campaña arqueológica de su historia.


Nadie quiere más Odyssey excepto Odyssey. Desde 2007, cuando el tesoro de oro y plata sumergido del buque Nuestra Señora de las Mercedes voló hacia Estados Unidos -y todavía no ha sido devuelto por la poderosa compañía de cazatesoros pese a las resoluciones a favor de España-, las Administraciones se han tomado en serio la protección del patrimonio arqueológico subacuático que, hasta entonces, se ejercía tímidamente y por barrios (Cataluña, Valencia y Andalucía eran las únicas comunidades con centros específicos). Tan en serio que la Armada ha destinado durante un mes al cazaminas Sella, diseñado para evitar explosivos enemigos, a rastrear el golfo de Cádiz para buscar restos arqueológicos.

Es la primera vez que unidades militares se implican en esta tarea -ocurre tras el convenio que firmaron en 2009 los Ministerios de Cultura y Defensa-, pero se pretende consolidar en el futuro para elaborar cartas arqueológicas de todo el litoral español, uno de los más ricos en vestigios históricos con unos 3.000 pecios estimados.


Vehículo remoto submarino de la Armada



En este mes, se han localizado en el golfo de Cádiz 1.300 contactos, de los cuales 128 son pecios -históricos o actuales- en profundidades que no superan los 200 metros. Ahora serán los arqueólogos quienes determinarán si tienen interés histórico o no (se realizarán inmersiones de buceo en los que están a menos de 50 metros y estudios mecánicos en los otros). Entre los 15 ya analizados, solo tiene valor un ancla del siglo XVIII. Entre los restantes, la mayoría serán descartados. "Pueden ser lavadoras", admite el jefe técnico de la campaña, Daniel González-Aller. Hay vestigios de lo que podrían ser unas ruinas urbanas y varias estructuras de barcos, pero ni rastro de los más deseados, el Santísima Trinidad (baja en la batalla de Trafalgar en 1805) o el Reina Regente (galeón hundido durante un temporal a finales del XIX). "Seguiremos buscando", anunció ayer a bordo del cazaminas la ministra de Defensa, Carme Chacón, que se desplazó a Rota (Cádiz). A su lado, la ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, dijo: "El mar no es una caja fuerte. Es más bien un libro donde se escribe la historia". "En el mar esos libros de historia muchas veces solo se pueden leer una vez, de ahí la importancia de conservarlos", precisó el consejero andaluz de Cultura, Paulino Plata.

"Donde unos ven un botín, nosotros vemos nuestra historia. Donde otros buscan oro, nosotros encontramos nuestro patrimonio. Donde otros quisieran expoliar, nuestra vocación es conservar", abundó Chacón. Un aviso a navegantes ansiosos de tesoros. Y la costa gaditana abunda en ellos: se estima que concentra entre el 17% y el 27% de los 3.000 pecios del litoral español. Conocer exactamente cuántos y dónde ayudará a protegerlos, en opinión de la directora general de Bellas Artes y Bienes Culturales, Ángeles Albert. "Lo que se documenta siempre es bueno para preservar", sostiene. Las cartografías que se obtengan no serán en ningún caso "información pública", aclara para despejar temores sobre si se estará dando bazas al adversario.

El mes de trabajo de la Armada ha contado con lanchas hidrográficas transportables y con cazaminas. "Detectan, clasifican, identifican y neutralizan, aunque esta última fase se ha suprimido en esta campaña", aclaró con una sonrisa el jefe técnico de la campaña. Las lanchas, que usan un sondador multihaz, especializado en rastreos de entre cinco y 200 metros de profundidad, y un sónar de barrido lateral, con capacidad de hasta 40 metros, hallaron 80 restos susceptibles de tener interés. De ellos solo uno ha sido identificado por los arqueólogos. Son unas anclas que ahora tendrán que ser datadas y valoradas.

Los cazaminas han podido encontrar otros 48 restos investigables, gracias al sónar de profundidad variable con capacidad para llegar a 250 metros de profundidad y el vehículo de control remoto Pluto Plus, un robot con cámaras de televisión que capta imágenes a 200 metros bajo el mar. "El trabajo más importante llega ahora, que es el de los arqueólogos. Ellos deben saber qué es de interés, identificar a qué época pertenecen y determinar su procedencia", detalló González-Aller.

Identificar los pecios es clave para poder protegerlos. En Andalucía ya se han tomado medidas como la de declarar bien de interés cultural un centenar de restos como zonas arqueológicas y zonas de servidumbre arqueológica. Lugares donde hay o se presume que hay piezas sumergidas del pasado que se protegen legalmente para evitar la visita de expoliadores o los daños provocados por futuras obras públicas o privadas.

Arqueología submarina

eldiariomontanes.es | Julian Mendez

Entrevista con Luis Valero: "Hay oro hundido como para acabar con la crisis"

Luis Ángel Valero Bernabé (Madrid, 1954) es un buscador de tesoros. Asegura Valero que los lingotes de oro y plata que cargan los más de 3.000 barcos hundidos en las costas españolas servirían para poner fin a la crisis de la economía española. Así, de un plumazo.Luis Ángel Valero Bernabé (Madrid, 1954) es un buscador de tesoros. Asegura Valero que los lingotes de oro y plata que cargan los más de 3.000 barcos hundidos en las costas españolas servirían para poner fin a la crisis de la economía española. Así, de un plumazo.


Sólo el 'HMS Sussex', un buque de bandera inglesa de 48 metros de eslora, 80 cañones y 560 marineros a bordo, naufragado frente a Gibraltar en 1694, podría darle una buena alegría a la Hacienda pública. El navío cargaba nada menos que 10 toneladas de oro y 100 de plata, en hermosos lingotes, destinados a comprar la fidelidad del duque de Saboya en la guerra contra Francia. El valor se estima en más de 500 millones de euros. Y, eso por no hablar de los famosos galeones de Rande, hundidos en 1702 frente a la bahía de Vigo con riquezas fabulosas. Tanta fama tenía aquel tesoro, tapado hoy bajo miles de toneladas de lodo, que Julio Verne hizo que el capitán Nemo enviara a Rande a los tripulantes del 'Nautilus' para aprovisionarse de oro en sus '20.000 leguas de viaje submarino'. La semana pasada, durante la presentación de una novela de ficción, el anuncio del improbable hallazgo en esas mismas aguas gallegas del galeón 'Santo Cristo de Maracaibo', cargado con el oro de la flota de Indias, volvió a colocar en el primer plano de la actualidad la riqueza del patrimonio sumergido español.


«Sólo en el interior de los galeones de la época colonial, de 1492 a 1898, calculamos que hay unas 800 toneladas de oro y 12.000 de plata, oro suficiente como para acabar con la crisis en España», insiste Valero apoyándose en los estudios de su colaborador Claudio Bonifacio, investigador en el Archivo de Indias y autor del libro 'Galeones con tesoros', obra en la que se ofrece una exhaustiva información sobre cientos de pecios, su carga y su supuesta posición.

Tratar de rescatar alguno de esos buques no sería tarea fácil. Aunque la mayoría, por no decir todos los naufragios, están bien documentados en los archivos. Eran barcos del Rey, llenos de riquezas de la Corona y de particulares, por lo que su pérdida era una cuestión de Estado. Lo cierto es que, pese a su número, no hubo demasiados naufragios si tenemos en cuenta que cada año, durante dos siglos y medio, atravesaban el Atlántico convoyes de una docena o más de galeones sobrecargados, que navegaban por estima y no disponían de más previsiones meteorológicas que la experiencia. Por eso mismo, los avatares del naufragio, los testimonios de los supervivientes, las posiciones, las circunstancias y el manifiesto de carga aparecen anotados por los escribanos de la Corona con su picuda letra cortesana.

Valero conoce la lista completa de pecios españoles. Y es como para ponerse a soñar de inmediato con lingotes, monedas, esmeraldas y cadenas de oro. Anoten: la nao 'Santa Cruz' se hundió en Zahara de los Atunes en 1555. En ese mismo año se fue a pique en la playa portuguesa de Buarcos y Carrapateira la 'San Salvador'. En 1563 se hundió en Bahamas la capitana de la Flota de Nueva España. En 1589, en la playa de Troia (Portugal), desapareció la nao 'Nuestra Señora del Rosario'. En 1600, el 'San Diego' zozobró en Cavite (Filipinas) ante el ataque de una flota holandesa (este barco ha sido excavado y parte de sus restos están en el Museo Naval).

La lista completa de naufragios lleva a soñar con esmeraldas, lingotes de oro y de plata...

Sigan apuntando: 'San Roque', 'Santo Domingo', 'San Ambrosio', 'Nuestra Señora de Begoña', 'Nuestra Señora de los Remedios' (en Zacatula, México), la nao 'San Antonio' (costa de Tabasco), el 'Nuestra Señora de Atocha', hundido por un huracán en Florida, la almiranta de la Flota de Nueva España, 'Nuestra Señora de la Concepción', la almiranta de la Armada de Tierra Firme, 'Nuestra Señora de las Maravillas'... Miles de millones de euros hundidos en el mar a la espera de rescate. Miles de millones de lecciones de historia a la espera de que alguien se ponga las gafas de bucear y se anime a leerlas...

lunes, 4 de abril de 2011

La batalla de Lepanto


Desde que los turcos tomaron Constantinopla en 1453, toda Europa estaba amenazada por el Islam. En el Mediterráneo oriental eran recuentes los ataques de los corsarios otomanos a importantes asentamientos europeos principalmente en África y Asia menor. El comercio peligraba y la fé católica y la cruz  podía sucumbir ante la media luna y el islamismo.
 
  El sultán Selim II, en 1570 inició la conquista de Chipre y la tomó pasando por cuchillo a toda la guarnición. Los sobrevivientes que eran Venecianos piden ayuda urgentemente a las potencias cristianas y sólo el Papa Pío V les responde. Este a su vez convence al rey de España Felipe II para que también ayude. Se forma entonces la Liga Santa o Cristiana formada por España, Venecia y los Estados Pontificios quienes armaron una formidable escuadra para combatir a los turcos y frenar su expansionismo por el mediterráneo oriental.
  Las mayores escuadras de su tiempo, la cristiana y la musulmana, se enfrentaron en las aguas de la ciudad griega de Lepanto, en el actual estrecho de Corinto, el 7 de octubre de 1571.
  Muchos exploradores, incluido Jacques Cousteau, han buscado en vano los restos de la batalla que mantuvieron seiscientos barcos con más de doscientos cincuenta mil hombres a bordo. Ahora un equipo de arqueólogos submarinos han hallado una evidencia sensacional…

Hallan en el fondo del mar una valiosa cadena de oro de un galeón español


'El Nuestra Señora de Atocha' se hundió en 1622 cerca de Cayo Hueso, en el sur de Florida, como consecuencia de un huracán.





Miami (EE.UU.) (Efe).- Una cadena de oro con un crucifijo valorada en 250.000 dólares (unos 182.000 euros), que formaba probablemente parte del tesoro del galeón español del siglo XVII Nuestra Señora de Atocha, fue hallado a unos 48 kilómetros de Cayo Hueso (sur de Florida, EE.UU.) informaron hoy medios locales.
La cadena de oro, de algo más de un metro de largo, muestra cuentas similares a las de un rosario e incluye una moneda también de oro con motivos religiosos y un crucifijo con inscripciones en latín.


Fue un submarinista del Museo Marítimo Mel Fisher, situado en Cayo Hueso, el que halló la cadena en el fondo marino mientras el equipo de cazatesoros buscaba restos de la sección de castillo de popa del galeón español, que naufragó en las costas de este estado cargado de oro y plata en 1622.
El Nuestra Señora de Atocha se hundió ese año cerca de Cayo Hueso como consecuencia de un huracán mientras intentaba regresar a España. Parte del tesoro, compuesto por más de cien mil monedas de plata españolas y valorado en 450 millones de dólares (unos 328 millones de euros), fue descubierto en 1985 por el cazatesoros Mel Fisher, que murió en 1998, a la edad de 76 años.


Los descendientes de Fisher, que poseen los derechos del barco naufragado, siguen buscando el resto del tesoro procedente del Atocha. "El tesoro hallado del 'Atocha', de más de cuarenta toneladas de plata y oro", se compone de monedas denominadas "piezas de ocho", esmeraldas, cadenas de oro, objetos preciosos y lingotes de plata, según la página Tesoros del Mel Fisher.
Según los descendientes del famoso cazatesoros, unos 400 lingotes de plata y más de 100.000 monedas podrían permanecer todavía depositados en el fondo marino.




Galeón Nuestra Señora de Atocha: 

domingo, 21 de noviembre de 2010

Trafalgar emerge dos siglos después

El botón de un uniforme francés permite identificar el pecio de Cádiz donde el buque 'Fougueux' naufragó en 1805 tras participar en la histórica batalla.

PEDRO ESPINOSA - Cádiz - 31/10/2010


En la inmensidad del océano Atlántico, un simple botón ha dado la respuesta a una incógnita histórica. El botón 79, procedente de un uniforme francés del siglo XIX, ha permitido localizar, sin riesgo a equivocarse, el punto exacto donde descansan los restos del Fougueux (Fogoso), un navío francés que se hundió con medio millar de soldados tras haber participado en la histórica batalla de Trafalgar (1805). Es la primera vez que, de forma científica, se verifica el pecio de una embarcación protagonista de la celébre contienda.

La investigación, coronada con éxito por el Centro de Arqueología Subacuática de Andalucía (CAS), con sede en Cádiz, tiene sus raíces en viejas creencias. Durante años se sospechó que un conjunto de cañones sumergidos frente a la playa de Camposoto, en San Fernando (Cádiz), pertenecían a un buque hundido en la batalla de Trafalgar, que enfrentó a una escuadra combinada de Francia y España contra la armada inglesa.

Las pesquisas del CAS arrancaron en 1999, cuando un buzo, Juan Domingo Mayo, avisó al entonces recién creado centro de la existencia de unos cañones perfectamente visibles en una laja submarina a nueve metros de profundidad. Así arrancaron 10 años de análisis, inmersiones y búsquedas del personal del CAS, un organismo que depende de la Consejería andaluza de Cultura. Los arqueólogos se sumergieron varias veces y comprobaron la existencia de restos de un buque de guerra de época moderna o contemporánea. Enseguida se pensó en Trafalgar. La batalla había dejado tras de sí numerosos hundimientos.

"Revisamos las fuentes documentales y descubrimos que el Fougueux se había hundido en la zona", recuerda la arqueóloga Nuria Rodríguez. El Fougueux llevaba a bordo a más de 500 hombres. Había partido en agosto de Ferrol. Al llegar a Cádiz, se colocó en primera línea y no resistió los ataques de la armada británica, aunque logró sobrevivir. Por poco tiempo. Lo que no logró el enemigo, lo consiguió un gran temporal, que provocó el hundimiento de la mayoría de los 33 buques españoles y franceses. Al Fougueux trataron de remolcarlo sin éxito. Se hundió con su medio millar de soldados franceses presos y una veintena de ingleses a bordo. Sobrevivieron 21 hombres, que llegaron a la playa, fueron alimentados en el Ventorrillo El Chato y dieron pie a relatos que salen a flote 205 años después.

Probar que los cañones encontrados y otros restos eran del Fougueux no ha sido fácil. No en vano ha costado una década. Su investigación se enmarcó en el proyecto Trafalgar, con el que el CAS celebró el bicentenario de la batalla hace cinco años. Se analizaron en laboratorio dos cañones. Aunque se supo que eran franceses, por sí solos no suponían una prueba fundamental. En realidad, la indagación fue una continua acumulación de pruebas sin ninguna concluyente.

En 2006 y 2008 se realizaron sondeos. Estas excavaciones son las que han aportado la mayor parte de las piezas y datos. Gracias a ellos, se identificó la quilla y se situaron la popa y la proa. "Todo apuntaba a que era una construcción francesa, lo que hacía pensar en el Fougueux, pero en esos años había muchos barcos que se construían a la francesa", relata Nuria Rodríguez. Es decir, aunque tenía diseño francés podía ser español o inglés.

El forro externo del barco correspondía también a una factura francesa pero tampoco era concluyente: en la época se dio un intenso comercio e intercambio de materiales. Con la artillería ocurrió lo mismo. Se hallaron 31 de los 74 cañones que tenía el barco, y aunque se demostró que eran de una fundición francesa, tampoco se podía obtener una conclusión clara. "En tiempo de guerra hay mucho trasvase de armamento", detalla la arqueóloga. Ni siquiera las monedas francesas con la cara de Luis XVI permitían ser resolutivos. "Teníamos la cronología pero no una prueba científica para identificar el barco, porque las monedas podían ser robadas o fruto de un negocio".

Una recreación del Fougueux, hundido frente a la playa de Camposoto, en San Fernando (Cádiz).


La respuesta llegó con los botones. Durante uno de los sondeos apareció un conjunto numeroso. Junto a las hebillas, era el cierre más habitual de la indumentaria militar de la época. Buena parte de ellos estaban numerados según el regimiento al que pertenecían los soldados. Los del 79 iban embarcados en el Fougeaux, entre otros.

Pero la culminación de este trabajo no cierra la investigación. Deja la puerta abierta a futuros estudios. Se presumen mucho más restos escondidos bajo las rocas, pero en arqueología subacuática siempre prima más la conservación que la extracción, así que no se excavará más. "Es el principio de mínima intervención", responde la directora del CAS, Carmen García Rivera. Ahora que se sabe la nacionalidad del barco, España debe decidir si lo notifica a Francia. La convención de la Unesco lo recomienda pero no marca una obligación. La notificación es una decisión política. Francia puede querer investigar el pecio pero el Gobierno español no está forzado a autorizarlo.



La incógnita que despejó el 79


- La numeración de los botones se correspondía con los regimientos. Aparecieron del 1, 5, 77 y 79. La documentación histórica narra que el regimiento 79 se embarcó en el Argonaute, el Redoutable y el Fougueux. Los dos primeros se hundieron en alta mar. "Fue la clave. El botón cerró todos los círculos, permitió unir el resto de pruebas y certificar la identidad del navío", detalla Rodríguez.

- El pecio del Fougueux fue carne de expoliadores. El CAS tiene también localizado en la gaditana playa de La Caleta los posibles restos del Bucentaure, otro navío francés de la época.

- Además de botones, en el pecio se hallaron zapatos, hebillas, monedas, un bacín para que algún oficial hiciera sus necesidades, una lavativa de temible tamaño, un torniquete, restos de leña para el horno de hacer el pan, huesos de vaca, que viajaban vivas para servir de alimento, y restos de ratas, que dan una idea de la insalubridad de esos viajes.

miércoles, 6 de octubre de 2010

Cultura y Defensa abren el libro del rico legado sumergido

Los Ministerios de Defensa y Cultura hacen un balance positivo de la primera campaña de protección del patrimonio, en la que han localizado 128 restos arqueológicos entre las zonas de Tarifa y el Guadalquivir

Virginia León / Cádiz | Actualizado 06.10.2010 - 05:00

A cuatro millas de la costa gaditana, frente a las aguas de la Base Naval de Rota, permanece hundido uno de los pecios entre los 500 y 800 que atesora el litoral gaditano. Uno de los 128 restos arqueológicos o "contactos" -como les llaman técnicamente desde la Armada- que han sido localizados entre el área de la desembocadura del Guadalquivir y Tarifa, a tenor de la campaña de protección de patrimonio arqueológico subacuático puesta en marcha por el Ministerio de Defensa, el Ministerio de Cultura y la Junta de Andalucía, con la participación del Centro de Arqueología Subacuática (CAS).

No se trata del Santísima Trinidad ni del Reina Regente -que aún no han sido localizados-, pero sí de una parte sumergida de nuestra historia, hasta cuyas coordenadas arribó el cazaminas Sella, una de las embarcaciones destinadas a las labores de búsqueda e identificación de los naufragios. Desde aquí las ministras de Defensa, Carme Chacón y de Cultura, Ángeles González-Sinde, en compañía del consejero de Cultura de la Junta de Andalucía, Paulino Plata y la delegada provincial de Cultura, Yolanda Peinado, pudieron visualizar las imágenes que de estos vestigios emitía el vehículo de control remoto (ROV), sumergido previamente en las profundidades del apacible Océano del que se pudo disfrutar ayer.

Su avanzado mecanismo permitió vislumbrar algunas de las múltiples radiografías realizadas de nuestros fondos durante el primer mes de trabajo, del que se hizo un "exitoso" balance, en este frente abierto hacia la protección de nuestro rico legado histórico subacuático.

Según indicó el jefe de campaña, Daniel González Aller, durante estas semanas se han localizado 128 restos arqueológicos o contactos, de los cuales 15 ya han sido identificados y sólo uno -correspondiente a un conjunto de anclas del siglo XVIII-, ha sido declarado de gran interés arqueológico.

Son los primeros datos de un programa puesto en marcha a fin de completar la carta arqueológica subacuática del litoral español que facilite la localización, identificación y evaluación de los yacimientos. Una labor que, tal y como señaló la ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, pretende descifrar las páginas de "ese libro vivo que es el mar, en cuyo lecho está escrita una parte muy importante de nuestra historia".

Tras alertar sobre el atractivo que suscitan estos pecios, incidió en la necesidad de protegerlos ante el expolio y en las ventajas que aporta su mayor conocimiento de cara al presente. "La oportunidad de leer este libro sólo surge una vez", dijo.

La ministra de Defensa, Carme Chacón, hizo referencia a las bellas palabras de Álvaro Mutis en relación a la vocación, voluntad y obligación de conservar este legado. "Donde unos ven un botín, nosotros vemos historia, donde unos ven oro, nosotros encontramos patrimonio y donde unos quieren expoliar, nosotros queremos conservar".

Y aunque avanzó que ninguno de los hallazgos responde a los emblemáticos buques -Reina Regente y Santísima Trinidad- de cuyas búsquedas partió el ambicioso proyecto, resaltó la valiosa "experiencia" adquirida a la hora de completar el trabajo de futuro, "que con el tiempo permitirá que la arqueología subacuática deje de ser una asignatura pendiente".

Por su parte el consejero de Cultura, Paulino Plata, destacó la importante labor de coordinación entre las distintas administraciones participantes, antes de valorar la riqueza de este patrimonio sumergido, "de los más ricos del mundo". "Pocos países cuentan con esta historia y pocos tienen el interés de España por protegerla", aseguró.

El consejero señaló la atención que desde siempre ha prestado el gobierno andaluz a esta labor de protección, como muestra la creación del Centro de Arqueología Subacuática (CAS) en el año 1997 y la puesta en marcha de las cartas arqueológicas de los fondos. Labor que ha permitido la pionera declaración de Bien de Interés Cultural de 56 zonas protegidas y la declaración de 42 zonas de servidumbre. Un número de yacimientos que puede ampliarse con este proyecto.

Y es que el convenio firmado entre los ministerios de Cultura y Defensa ha puesto sobre la mesa los medios materiales y humanos necesarios, así como los fondos documentales de que dispone la Armada, en la protección de estos vestigios.

Concretamente han participado en esta campaña que mañana concluye los cazaminas Turia -del 8 a 17 de septiembre- y Sella -del 20 de septiembre al 7 de octubre-, así como la lancha del Instituto Hidrográfico de la Marina Escandallo. Más de un centenar de marinos, además del equipo mixto de buceadores procedentes de la Unidad de Buceo de la Flotilla Contra Minas y del CAS, han trabajado mano a mano en el proyecto con minuciosos sistemas de detección. Entre ellos, un sonar de profundidad variable -para la detección, localización y clasificación de objetos sobre el fondo marino-, un vehículo de control remoto ROV Pluto Plus -para la identificación mediante cámaras de televisión de los restos detectados-, un sondador multihaz -para los trabajos de mapeo y visualización de los fondos- y un sónar de barrido lateral -equipo portátil de alta resolución-.

Este convenio, en el que se han invertido más de dos millones de euros , se enmarca en el Plan Nacional para la Protección del Patrimonio Arqueológico y forma parte de la Convención sobre la Protección del Patrimonio Cultural Subacuático de la Unesco que España ratificó en 2005.

Una primera campaña enmarcada en la actividades previstas en el Protocolo General sobre colaboración y coordinación en este ámbito suscrito en julio de 2009 en Cartagena. Ahora, sólo falta ahondar en los primeros resultados de este rastreo por el libro del rico legado sumergido del litoral español, andaluz y gadit

viernes, 20 de agosto de 2010

'Odyssey' presenta apelaciones y dice que los argumentos españoles son sólo "ficción"

La empresa pide que se anule la decisión del juez de Tampa de devolver el tesoro a España

Agencias / Madrid | Actualizado 20.08.2010 - 05:00


La empresa estadounidense Odyssey presentó el miércoles ante un tribunal de apelaciones de EEUU su respuesta al último informe de España sobre la propiedad del tesoro de monedas de oro y plata que la empresa norteamericana encontró en mayo de 2007 y que fue valorado en 500 millones de dólares.

En el documento, de 39 páginas, se pide que se anule la decisión del juez de Tampa (Florida) para que entregue al Estado español el tesoro y argumentan que la respuesta de España al caso Odyssey "aunque está bien escrita, es sólo ficción".

"El lenguaje incendiario que ha utilizado España en su respuesta ha servido para distraer de la verdad y de los temas realmente relevantes", señala Melinda MacConnel, vicepresidenta y consejera general de Odyssey.

En el documento, los responsables de Odyssey indican que los hechos han sido presentados en el Juzgado de una forma "cautivadora e interesante" y explican que quizás por ello el juez vio "inexactitudes" en muchas de las alegaciones presentadas. Entre ellas, declaran que entre los restos encontrados no había "ningún buque ni restos humanos" en el sitio donde localizaron al Cisne Negro. Igualmente, advierten que Odyssey actuó legalmente y de manera adecuada en la recuperación de las piezas del Cisne Negro.

Asimismo, alegan que España en los tribunales presentó una imagen de Odyssey como si fuera "cazadores de tesoros malvados" y los "villanos" que quieren robar "el sagrado cementerio" de los marineros españoles. En este sentido, señalan que La Mercedes estaba en una "misión comercial" en su último viaje -un hecho que anula legalmente la pretensión española de inmunidad-.

Un sonar ofrece nuevas imágenes del navío Rayo hundido en Doñana

(Huelva Información)

Participó en la batalla de Trafalgar, cañoneado y desarbolado llegó a la desembocadura de Guadalquivir donde quedaría para siempre
El navío Rayo construido en La Habana en 1749 se encuentra hundido en las costa de Doñana. Se trata de uno de los barcos de la armada francoespañola que participaron en la batalla de Trafalgar el 31 de octubre de 1805, quedando después desarbolado y encallado en Arenas Gordas. Hoy está perfectamente localizado a 300 metros de la orilla y a sólo siete metros de profundidad, según ha podido comprobar el equipo del arqueólogo subacuático Claudio Lozano.
Ahora, a demás, se ha podido constatar la presencia del yacimiento arqueológico que supone el navío Rayo gracias aun sensor de barrido lateral, en un programa organizado por la Universidad de Huelva en el que han participado el Grupo de Investigación de Geología Costera, formado por José Borrego y Juan Antonio Morales, conjuntamente con el arqueólogo subacuático Claudio Lozano.

Es un sistema de impulsos acústicos a través de un sensor que se diseñó hacia los años cincuenta para la teledetección de submarinos y para usos oceanográficos y geológicos. Actualmente el sistema se encuentra muy desarrollado. Supera la detección óptica convencional y puede utilizarse en aguas frías, turbias y a altas profundidades. Cubriendo rangos de detección entre 25 metros y un kilómetro de ancho; ha servido para el descubrimiento de importante naufragios como el Mary Rose, el USS Monitor y el Titanic.

Ahora se ha aplicado con total éxito sobre los restos del navío Rayo, el primer buque español hallado de la batalla de Trafalgar y que descansa en aguas onubenses. "Es, además, la primera vez que se utiliza con un rotundo éxito en nuestra costa", como afirma Claudio Lozano.

El arqueólogo subacuático asegura que estas imágenes "han contribuido a completar la planimetría del yacimiento, a posicionar los restos de artillería del buque y a ver la dispersión de las piezas, entre ellas la localización del obús de rovira".

Claudio Lozano asegura que el proyecto se encuentra en su última fase y todos los resultados se presentarán en una memoria final a la Delegación Provincial de Cultura de la Junta de Andalucía.

Hay que destacar que al interés arqueológico de Rayo, para conocer y recuperar los elementos que lo formaba, se suma ahora el hecho de la celebración en 2005 del Bicentenario de la Batalla de Trafalgar, que tuvo lugar en octubre de 1805.

viernes, 16 de julio de 2010

Encuentran restos de un barco del siglo XVIII en la 'zona cero' de Nueva York

La embarcación se habría hundido en esa zona del sur de la ciudad cuando se amplió hacia el río Hudson. Estaba a una profundidad de 9 metros por debajo del lugar donde estaba el World Trade Center.
EFE | ACTUALIZADO 15.07.2010 - 19:25





Los trabajadores de la zona cero del sur de Manhattan han encontrado los restos de un barco de casi diez metros de largo que podría ser del siglo XVIII y que se habría hundido en esa zona del sur de la ciudad cuando se amplió hacia el río Hudson, informó el diario The New York Times.

El diario señala que los trabajadores que limpian de escombros la zona cero dieron con la embarcación el pasado martes y que ésta estaba enterrada a una profundidad de entre seis y nueve metros debajo de donde estuviera hasta el 11 de septiembre de 2001 el complejo del World Trade Center, construido en la década de los sesenta del pasado siglo.

El arquitecto Michael Pappalardo, de la empresa AKRF, una de las contratadas para la Autoridad Portuaria de Nueva York y Nueva Jersey para documentar los hallazgos históricos que puedan encontrarse en esa obra, corroboró el descubrimiento y dijo que el navío podría haber sido originalmente hasta dos o tres veces más largo de la porción encontrada.

Se trata del mayor descubrimiento arqueológico realizado en esta ciudad desde 1982, cuando se encontraron los restos de un buque mercante del siglo XVIII en unas obras de la calle Water, en el sur de Manhattan.

"La embarcación al parecer data de mediados del siglo XVIII y ha estado ahí durante más de 200 años", señala el diario que subraya que los arqueólogos de la ciudad están maravillados por la importancia del hallazgo, muy cerca de donde, según un mapa de 1797, había un embarcadero y donde se proyectó construir un lago.

Pero también, dijeron los expertos, hay que actuar con rapidez para rescatar la nave, ya que su casco de madera, al no estar ya protegido por la tierra, "se deteriora rápidamente en su contacto con el aire", por lo que lo están recubriendo de barro.

La ausencia de sol y la lluvia que afecta a Nueva York estos días, sin embargo, favorece la conservación de la embarcación, indicó al diario el arqueólogo responsable de preservar el patrimonio histórico neoyorquino, Doug Mackey.

Entre los restos, los trabajadores de la zona cero han encontrado también una gran pieza metálica semicircular perteneciente al barco y un zapato de cuero de la época.

lunes, 22 de febrero de 2010

La inmensa fortuna aún por descubrir, hundida bajo el mar

EIVISSA | PEP RIBAS

La historia de los galeones españoles que se han hundido a lo largo de los siglos en mares de todo el orbe y las valiosas fortunas que albergan esos pecios fue el tema de la charla del viernes en el Club Diario.


España podría tener una fortuna incalculable en metales preciosos, perlas y tesoros arqueológicos de diversa índole que permanecen fondeados en diferentes mares del globo, sin que ninguna autoridad mueva un dedo por recuperarlas. Esta es la principal conclusión de la charla que ofreció el viernes por la noche en el Club Diario de Ibiza el capitán de la Marina Mercante Juan Manuel Gracia Menocal, presidente de la Asociación para el Rescate de Galeones Españoles.
Gracia Menocal, que como apuntó su amigo Mariano Llobet durante la presentación del acto, tiene casa en Eivissa y pasa temporadas en la isla, es experto en investigación y arqueología submarina y de los principales conocedores del patrimonio español hundido bajo el mar.
El ponente mantiene que España es la primera potencia mundial en yacimientos arqueológicos submarinos con galeones y navíos hundidos no sólo en costas españolas e iberoamericanas, sino en todo el mundo. No en vano, España fue durante siglos la principal potencia naval del orbe.
Los pecios españoles descansan en todos los mares y océanos (normalmente en aguas poco profundas), desde Japón a Vietnam pasando por Filipinas, Islas Marianas, en todos los países americanos, el Caribe, las Azores, Portugal y España. Sólo en el Golfo de Cádiz hay documentados más de 700 hundimientos, aunque Gracia estima que puede haber entre 1.500 y 1.800.
De los 720 que están documentados, entre Tarifa y Ayamonte descansan en el fondo del mar 170 barcos cargados con tesoros que podrían tener un valor cifrado en miles de millones de euros.

Fortunas multimillonarias
El capitán Gracia Menocal se refirió a británicos y a estadounidenses que han llegado a atesorar fortunas multimillonarias rescatando tesoros hundidos en el mar y tachó de «de-sidia» al comportamiento que tienen las administraciones españolas en general en su actitud hacia el patrimonio submarino.
Propone que por lo menos se rescaten las fortunas existentes en aguas territoriales españolas, contratando a empresas `caza-tesoros´, que aunque se queden con la mitad de las riquezas obtenidas, «más vale el cincuenta por ciento de algo que el cien por cien de nada».
El experto animó a cualquier interesado a contribuir a la búsqueda de los tesoros perdidos: «Si un particular encuentra un tesoro, tiene derecho a quedarse con la mitad, pero si tiene permiso para sondear y encuentra algo, debe entregarlo todo al Estado», afirmó.

El Museo Nacional de Arqueología Subacuática albergará dos galeones españoles hundidos

Permitirá recrear, a partir de vídeos interactivos, pecios fenicios y escenografías de excavaciones bajo el mar



El nuevo edificio del Museo Nacional de Arqueología Subacuática (Arqua), ubicado en el Muelle de Alfonso XII de Cartagena y que ayer fue presentado por el ministro de Cultura, César Antonio Molina, albergará cerca de mil piezas del patrimonio cultural sumergido español, entre ellas los restos de dos galeones hundidos en las costas americanas, que según explicó el director del centro, Rafael Azuar, «serán las piezas estrella del Museo».

Pese a que «es algo que no es todavía seguro», explicó Azuar, el Ayuntamiento de Mazarrón aseguró ayer que la quilla del barco fenicio Mazarrón 1, datada en el siglo VII antes de Cristo, estará en el museo. La pieza forma parte de una de las dos embarcaciones fenicias más antiguas del mundo halladas en el Mediterráneo.

«Será el primer museo de Europa y el Mediterráneo dedicado exclusivamente a la arqueología subacuática, y está previsto que lo visiten 80.000 personas al año», señaló Azuar. Lo comparó con otros museos arqueológicos como el de Mérida. En sus salas acogerá ánforas, lingotes de plomo sellados y sin sellar, y productos del comercio y de la construcción naval de época.

El espacio, de unos 6.000 metros cuadrados, está dotado de los últimos avances tecnológicos que permitirán recrear, a través de vídeos interactivos, galeones fenicios sumergidos e incluso escenografías de excavaciones arqueológicas bajo el mar. Todo dirigido hacia un conocimiento experimental del rico patrimonio cultura que hay en las profundidades. Además, tendrá un departamento con aulas preparadas para desarrollar talleres y actividades de formación e investigación.

Patrimonio del mundo

«Nuestro patrimonio sumergido no está sólo en el Mediterráneo, sino disperso por todas las aguas del planeta. Nuestros barcos han estado en Filipinas, en Oceanía y en América, y el museo quiere exponer ejemplos de ese patrimonio disperso por todo el mundo», afirmó el director del centro.

El complejo tiene un presupuesto que ronda los 24,5 millones de euros, entre la construcción del edificio y el proyecto museográfico. De los seis mil metros, el 35% se destinará a exhibición de colecciones permanentes, y alrededor de 500 metros cuadrados albergarán el futuro programa de exposiciones temporales.

En él trabajarán en un primer momento cerca de cuarenta personas y, a partir de su inauguración, que según el ministro Molina será a principios de marzo o abril, entre arqueólogos, restauradores, documentalistas, bibliotecarios, personal de atención al público y guías de sala la cifra llegará hasta los sesenta trabajadores.

El nuevo edificio albergará piezas del Museo Nacional de Arqueología Marítima (en sus almacenes se encuentran unos siete mil artículos). Ahora pasará a llamarse Museo Nacional de Arqueología Subacuático y acogerá material descubierto en lagos, ríos y aguas interiores.

El Ministerio de Cultura tiene previsto que el museo presente dos grandes bloques temáticos: el primero centrado en el patrimonio subacuático y un segundo, denominado Mare Hibéricum, en el discurso histórico en torno a las colecciones del museo.


LOS DATOS DEL MUSEO
Nombre: Museo Nacional de Arqueología Subacuática.

Dónde está: Muelle Alfonso XII de Cartagena

Qué albergará: Cerca de mil piezas, entre ellas dos galeones españoles hundidos en aguas americanas, y ánforas, lingotes de plomo sellados y sin sellar y productos del comercio y de la construcción naval.

Previsión de visitantes: Alrededor de 80.0000 al año.

Presupuesto: 24,5 millones de euros entre la construcción del edificio y el proyecto museográfico.

Trabajadores: Unos sesenta entre arqueólogos subacuáticos, restauradores, documentalistas, personal de atención al publico y guías de sala.

Superficie: 6.000 metros cuadrados.

Para exhibición de colecciones permanentes: 1.600 metros cuadrados.

Para exhibición de colecciones temporales: 500 metros cuadrados.

Almacenes: Mil metros cuadrados.

Piratería bajo los mares

Vincent Noce, periodista del diario Libération, París.


La tecnología permite ahora el acceso a los restos de naufragios ocultos en las profundidades marinas. Pero, ¿a quién pertenecen estos tesoros? Algunos Estados toleran su dilapidación.


El museo más grande del mundo yace bajo las aguas. Nadie conoce la cifra exacta, pero cientos si no millares de navíos se fueron a pique en el fragor de las batallas o bajo la violencia de las tempestades, llevándose hacia los fondos marinos ánforas romanas, lingotes de oro, cañones y cajas de porcelana china.

Para dar una idea del tráfico marítimo que alcanzó un desarrollo sin precedentes en el siglo XVI, la flota de la Compañía Neerlandesa de las Indias hizo en dos siglos 8.000 viajes de ida y vuelta a China. Pero hasta mediados del siglo XX, ante la imposibilidad de acceder a este museo sumergido, los océanos eran una inmensa caja de caudales en la que dormían esos tesoros de las civilizaciones.

Hace poco más de 2.700 años, dos de los navíos más antiguos descubiertos tuvieron un destino funesto al parecer cuando, cargados de ánforas de vino, se dirigían de Tiro hacia el Egipto faraónico. Esos dos vestigios fenicios, de menos de veinte metros de longitud, fueron localizados en junio de 1999 frente a las costas israelíes por Robert Ballard, descubridor de los restos del Titanic, y Lawrence Stager, arqueólogo de la Universidad de Harvard, a quienes se les había encargado la búsqueda de un submarino israelí, el Dakar, desaparecido en el mar en 1969 con sus 69 tripulantes. Dos pequeños robots submarinos, el Jasón y el Medea, se sumergieron a 300 y 900 metros de profundidad para filmar e iluminar los restos de los dos navíos fenicios y permitieron comprobar que se encontraban en excelente estado de conservación.
Como explica Ballard, las aguas profundas, cuyo contenido de oxígeno disuelto es más débil, constituyen una mejor protección que las aguas bajas: “A esas profundidades, la falta de luz solar y las fuertes presiones permiten conservar esos testimonios históricos mucho mejor de lo que pensábamos.” En efecto, una nave de 3.300 años de edad descubierta cerca de Turquía en aguas menos profundas, así como otras dos naves fenicias, procedentes del siglo vii a.c. halladas cerca de Murcia, en España, se encontraban en mucho peor estado.

El hallazgo de los dos navíos al sur de Israel causó sorpresa, pues se ignoraba que los fenicios comerciaran utilizando esa ruta marítima. Un decantador de vino (prueba de que entonces el vino se decantaba), anclas de piedra, vasijas de barro y un incensario se encontraron en medio de ánforas típicas del estilo de esa época tiria. Ello permitió establecer con aproximación la fecha del naufragio y sobre todo el origen de los barcos. “En un futuro próximo”, según Ballard, “se producirán sin duda otros hallazgos importantes que van a modificar radicalmente el mapa del comercio marítimo de la Antigüedad.” El descubrimiento frente a las costas de Sicilia de navíos romanos ha confirmado una hipótesis controvertida durante mucho tiempo según la cual los romanos eran perfectamente capaces de alejarse de las costas para navegar en aguas profundas.


Avances tecnológicos y nueva legislación

Ahora bien, hasta hace medio siglo, antes de la aparición de la escafandra autónoma, el hombre no tenía ningún medio para acercarse a los restos de naufragios en los fondos marinos. La primera exploración submarina, obra del comandante Jacques-Yves Cousteau, data de 1952 y se llevó a cabo cerca de Marsella, puerto sumamente activo del Mediterráneo romano. El equipo recogió ánforas griegas y romanas que dejaron perplejos a los especialistas pues entre ellas había por lo menos un siglo de diferencia, hasta que advirtieron que estaban en presencia de dos navíos que se habían ido a pique uno sobre otro. En ese entonces, no había ninguna legislación ni órgano de referencia, ni en Francia ni en otro lugar, para esta actividad que era totalmente libre. André Malraux, ministro de Cultura de Francia, creó en 1966 el departamento de investigaciones arqueológicas submarinas del Ministerio de Asuntos Culturales, obligando también a formular una declaración cuando un vestigio se descubre en las aguas territoriales.

En 1989, dos años después de la aprobación de una ley similar en Estados Unidos, el Estado francés se reservó la propiedad exclusiva de los tesoros submarinos sumergidos en sus aguas, mientras que anteriormente era posible compartirlos. Desde entonces, las declaraciones de descubrimiento disminuyeron de 250 al año a menos de 50. Para contrarrestar esta baja, el Estado estableció siete años más tarde la posibilidad de pagar una prima al descubridor, que puede llegar a 30.000 dólares según el interés científico. En la práctica, ésta se abona rara vez. El riesgo del secreto vale la pena, ya que una hermosa ánfora antigua puede negociarse por unos 1.500 dólares en el mercado.

Los aficionados piensan que las ánforas son mudas. Craso error, pues éstas “hablan”: nos informan sobre la época del naufragio, la nacionalidad de los navegantes, por no hablar de los modos de acondicionamiento de los productos transportados. Las más de las veces son ellas las que señalan a los equipos especializados la existencia de restos de barcos antiguos que, en cambio, desaparecen en la arena. Durante catorce siglos, de 770 a.c. a 700 d.c., las ánforas sirvieron para transportar vino, aceite, salmueras, especias, té… Después serán la porcelana y los cañones los que proporcionarán otras señales visibles de los naufragios. Entre las ánforas y estos últimos objetos hay un espacio en blanco, sea porque los restos de los navíos se han desintegrado o permanecen invisibles o porque el tráfico marítimo disminuyó.


Un testimonio histórico y arqueológico

Fue un cañón cubierto de sedimentos marítimos y moluscos el que señaló la presencia, en las cercanías del archipiélago venezolano de Las Aves, de la flota enviada por Luis XIV para expulsar a los holandeses de las Antillas. Después de haber saqueado Tobago, la escuadra al mando del conde Jean d’Estrées puso rumbo a Curação, donde su victoria sobre los holandeses habría sido aplastante si, el 11 de mayo de 1678, la mitad de sus naves —13 buques de guerra y 17 navíos corsarios— no hubieran naufragado a causa de la tempestad. De 5.000 hombres, 500 perecieron en medio de las olas y un millar murieron de hambre y enfermedades tras haber sido arrojados en islas desiertas.

Esta catástrofe dio al traste con las esperanzas de los franceses de reinar sin contrapeso sobre el Mar Caribe, que pronto se convirtió en un refugio de piratas. Pero hoy en día, aunque no enarbolen la bandera negra con una calavera, los piratas no han desaparecido. El venezolano Charles Brewer-Carias y el estadounidense Barry Clifford localizaron en medio de otros vestigios el navío almirante Le Terrible, defendido por 70 cañones y 500 tripulantes. Venezuela, que no dispone de medios para hacer explorar el sitio por un organismo estatal de búsquedas arqueológicas, otorgó a la empresa de obras públicas Mespa una licencia de exclusividad para excavar y comercializar todo lo que pudiera serlo. Clifford se declaró “horrorizado” por la concesión del sitio a un inversor privado: “Algún día el pueblo venezolano se sentirá a su vez horrorizado por lo que se autorizó en Las Aves.” “Trajimos un arqueólogo a bordo del navío de investigación”, se defiende Mespa, que admite sin embargo que desea rentabilizar su inversión creando una “industria” de los descubrimientos.

“Cada vez que se produce una situación similar, los grandes perdedores son los Estados. No es más que una forma moderna de piratería”, afirma John de Bry, arqueólogo de Florida. La empresa privada piensa que puede encontrar efectos personales de valor del conde de Estrées y de sus oficiales, pero los arqueólogos dudan de que una flota de guerra pueda contener un verdadero “tesoro”. En cambio, temen que se pierda el testimonio histórico y arqueológico de los vestigios y de su posición. La construcción de los navíos debería ayudar a entender mejor la arquitectura naval de la época en que Colbert creó una marina real y la industria que la acompañaba.

Efectuar una relación precisa de la posición de los diversos objetos en el fondo antes de izarlos es una operación delicada que toma tiempo y cuesta caro. La exploración submarina es una actividad sumamente onerosa en aras de un resultado aleatorio. Pero como la rentabilidad es la única preocupación de los cazadores de tesoros, y un día de excavaciones cuesta una fortuna, se apresuran a extraer lo que tenga un valor monetario inmediato, aunque deban destruir todo a su paso. Y algunos han llegado incluso a utilizar explosivos. No les interesan los vestigios sin valor que apasionan a los historiadores: una inscripción en el fragmento de una vasija puede indicar una ruta marítima, un pedazo de calzado decirnos mucho sobre la vestimenta de los marinos, un esqueleto revelar heridas o carencias alimentarias. El casco del Maurithius, que naufragó frente a las costas de Guinea de regreso de China en 1609, estaba aún tapizado de casi 20.000 escamas de cinc casi puro, testimonio del adelanto de la metalurgia china frente al retraso de Europa en la materia.

El problema de la concesión de licencias se planteó a una escala aún mayor en el archipiélago portugués de las Azores, uno de los fondos más ricos del planeta, pues constituía una escala obligada en la travesía del Atlántico. El Museo Nacional de Arqueología de Portugal ha contabilizado 850 navíos españoles y portugueses hundidos allí, muchos de ellos cargados de oro. Ochenta y ocho yacen en la bahía de Hangra do Heroismo, donde en 1972 desembarcó el cazador de tesoros británico John Grittan. La aventura concluyó para él con la cárcel, donde pasó casi dos meses, y con la prohibición de proseguir sus actividades. Hasta que casi 25 años después, amparándose en una nueva ley que autoriza a las empresas privadas a excavar los fondos del archipiélago, regresó como director de la sociedad Arqueonáuticas, presidida por el contralmirante Isaías Gomes Texeira, una de las primeras en obtener un permiso para realizar búsquedas y proceder a su explotación.

Uno de los más célebres cazadores de tesoros, Bob Marx, establecido en Florida, se declaró interesado, ofreciendo un reparto al término de la operación: 50% de los descubrimientos para él a menos de 50 metros de profundidad, 70% más allá de este límite. “¡Con esta legislación, hemos sacrificado la historia en el altar del dinero!”, exclama Francisco Alves, director del Museo Nacional de Arqueología de Portugal. Mientras tanto, los españoles analizan febrilmente los tratados de derecho para saber si pueden salvar el patrimonio de sus propios galeones.
A veces, los cazadores de tesoros realizan beneficios colosales. Uno de ellos, Michael Hatcher, de dudosa reputación, obtuvo unos quince millones de dólares de la dispersión de la porcelana china hallada en el Geldermalsen, navío holandés desaparecido en 1752 en el Mar de China. Christie’s, la principal firma mundial de ventas en subasta pública, se especializó en un momento dado en ese tipo de operaciones, pero ahora es más cautelosa en vista de las controversias y dificultades jurídicas que suscitan. Aunque Hatcher declaró haber hallado los restos del naufragio en aguas internacionales, algunos investigadores sostienen que éstos se encontraban en la zona marítima de Indonesia. Ese país inició una investigación, pero uno de sus responsables desapareció al sumergirse en el sitio, lo que ha aumentado el carácter folletinesco del asunto. Indonesia abandonó ulteriormente el procedimiento, pero en medio de rumores insistentes de corrupción de la familia Suharto, que dirigía entonces el país.

“Todo este dinero que circula agrava directamente el peligro, puesto que se reinvierte en nuevas exploraciones”, observa Lyndel Prott, jefa de la sección de normas internacionales del sector de Cultura de la UNESCO. “Los Estados toleran una dilapidación de tesoros bajo el mar que jamás aceptarían bajo tierra.”

domingo, 21 de febrero de 2010

La Batalla de Rande, Vigo.

La Batalla de Rande

Ana Mª García Junco del Pino (Historiadora y documentalista)

Rande, ¿ batalla o mito?



En Octubre de 1702 la Ría vivió un suceso bélico que tuvo una gran repercusión en Europa, la famosa batalla del estrecho de Rande.Tras dicho estrecho se había refugiado una flota hispano-francesa de la que formaban parte diecinueve galeones cargados de oro y plata procedentes de las posesiones españolas en América.


Aquellos galeones y los barcos de guerra franceses que los protegían fueron atacados y casi todos hundidos por una gran escuadra anglo holandesa. Buena parte de los tesoros se fueron al fondo lodoso de la Ría, donde se supone que todavía permanecen tras los muchos intentos de rescate que tuvieron lugar a lo largo de los Siglos XVIII y XIX.


Parte del oro y la plata se pudo salvar, otra se hundió y una tercera fue el botín de los vencedores.

Con el oro de Rande se acuñaron en Inglaterra monedas de cinco, una y media guineas; con las de plata de una corona, media corona, un chelín y seis peniques, todas con la efigie de la Reina Ana en su anverso. Circularon a lo largo de muchos años.


La Historia de la batalla

Desplegadas sus velas, entraban en la ría de Vigo los Galeones de la Plata escoltados por navíos franceses. 40 buques que, al mando del almirante Château Renault y el general Manuel Velasco Tejada, transportaban el tesoro más grande que jamás hubiera atravesado el Atlántico, con una tripulación diezmada por la enfermedad y la falta de agua y víveres.



Los apenas mil habitantes de Vigo, el 22 de setiembre víspera de Santa Tecla, contemplaban como enfilaban hacia el estrecho de Rande, a buen paso, buscando refugio. Bello espectáculo, sin duda, aunque presagio de grandes calamidades. Eran tiempos de guerra; la zona estaba desprotegida, pues las escasas fuerzas se batían en Italia y golfo gaditano; Gran Bretaña, Holanda, Austria... habían declarado la guerra a España y ansiaban hacerse con ese botín que iba a anclar en lo más profundo de la ensenada de San Simón, cerca de Redondela.

La plata, los exóticas frutos, aves, plantas y las valiosas mercancías de Filipinas y la América española, a la par que la información reservada de cuanto ocurría allí, hacía más de 3 años que no salían de Veracruz; finalmente, acabada la guerra de sucesión y entronizado el primer Borbón en España, Felipe V, fueron embarcadas en junio de 1702 y salían rumbo a Sevilla, donde eran esperadas con ansiedad por el Consejo de Indias, los comerciantes y toda Europa.

La natural curiosidad del paisanaje congregó a muchas personas, deseosas de ver de cerca los famosos galeones de la plata de la carrera de las Indias y de oir de los labios de los marineros historias de los exóticos paises...;



allí conocieron, además, que la flota fue sorprendida en medio del atlántico por las noticias de los ataques de los ingleses y holandeses a Cádiz; que decidieron variar el rumbo para no caer en manos del enemigo; que el almirante francés pensó conducirla a Brest, importante puerto militar de la Bretaña francesa y que el general español Velasco lo convenció de que la ría de Vigo estaba más cercana y evitarían un posible ataque de los holandeses; que, ya pasadas las islas Cíes, subió a bordo el capitán general de Galicia, príncipe de Barbazón, que había salido de Vigo al avistarlos intentando convencerles de que siguiesen hacia Ferrol, donde estarían más resguardados...

La actividad se hizo entonces frenética en la zona. La prudencia aconsejaba desembarcar la carga, valorada en muchísimos millones, y ponerla a buen recaudo; pero las estrictas leyes de la Casa de la Contratación de Sevilla, que monopolizaba el comercio con las Indias, castigaba con la muerte a todo aquel lo hiciese sin presencia de sus comisionados. Así pues, mientras recibía el permiso de la Corte, el príncipe de Barbazón dispuso la defensa del enclave y organizó los medios para el futuro transporte de la carga.



El estrecho de Rande fue cerrado por una cadena formada por vergas, masteleros, cables, pequeñas anclas y todo aquello que pudiese estorbar al paso de las naves; detrás de ella se colocan los navíos de línea franceses, al fondo los valiosos galeones; los promontorios de Rande y Corbeiro reconstruían sus ruinosas defensas y se armaban con cañones de hierro y bronce sacados de los barcos; a sus pies se excavaban fosas y se recurría a la marinería y a las desentrenadas milicias concejiles para defender estos y los posibles desembarcaderos.


Una parte del tesoro fué desembarcado

Más de 1.500 carretas se habían alquilado –con pago adelantado de un ducado por legua- para transportar la carga en etapas a Pontevedra, Padrón, Lugo... hasta llegar a Segovia. El día 27, al recibir el permiso para el desembarco de la plata de la Real Hacienda, se comienzan a descargar los 3650 cajones que la contenían (7 millones de pesos de plata aprox.) finalizando el día 14.

Juan Larrea, el supervisor del desembarco de la carga de los comerciantes, retrasaba la descarga tratando de ahorrarles el 20% de coste añadido y las posibles pérdidas en el camino; tal vez las naves enemigas pasaran de largo y pudiesen proseguir hasta Sevilla, pensaba...


El ataque

Quiso el azar que el capellán de uno de los barcos de la gran armada de 160 navíos ingleses y holandeses, que ya regresaba a Inglaterra tras los ataques a Cádiz, se enterase de la arribada a Vigo de los galeones, durante la aguada en Lagos. Y que un fraile, abordado en las islas Cíes, lo confirmase. Sin dudarlo, el almirante Rooke, a pesar de su ataque de gota, dispone el ataque.



El 22 de octubre la ría de Vigo se llena de velas enemigas; los cañones de Vigo disparan, pero su corto alcance no logra alcanzar a ninguno de los más de 100 navíos que disponen su plan de ataque: a ambas bandas, 25 navíos con sus brulotes encabezan la formación; las fragatas y bombardas les siguen quedando a retaguardia los navíos mayores. Unos 4.000 hombres de infantería, al mando del duque de Ormond, desembarcan en Domaio y otros tantos lo hacen en Teis, cerca de Redondela, desmantelando las defensas de Rande, tomando las poblaciones ribereñas y haciendo huir a las milicias que las defendían.

La naumaquia empieza pronto; la cadena es rota fácilmente y el fuego de los cañones hace estragos; en ese angosto fondo de botella prácticamente se lucha cuerpo a cuerpo. Los incendios se generalizan a bordo –así la carga se hundirá en el mar y luego será rescatada- y el desconcierto es total. En apenas 5 horas dramáticas, hostigados por mar y tierra, todo está perdido para los españoles: 8 naves incendiadas, 18 apresadas, 10 hundidas, 2 varadas. Imnumerables los muertos y muchos los prisioneros.

El almirante Rooke, ordena desvalijar e incendiar cuantos barcos no puedan acompañarle a Inglaterra; el resto lo hará con su carga y bodegas selladas; ese rico botín –piensa- aumentará su prestigio y acallará las voces de los compatriotas que se oponen a los ingentes gastos que suponen las expediciones marítimas. No olvida seguir la pista a todas las mercancías sacadas de los barcos los días previos, escondidas por lugares cercanos; por su parte, Ormond, reparte entre la infantería los bienes encontrados en tierra y planea seguir la conquista hasta Vigo. Pero la tentación de volver a Gran Bretaña, victoriosos y con un gran botín, le decide a desistir de su plan.

El 31 de octubre, profusamente engalanados los mástiles y sonando las trompetas, la armada victoriosa pasa frente a Vigo llevando su botín. Al fondo de la ría queda la muerte, la desolación, la ruina... y el nacimiento de un mito: los tesoros hundidos en la bahía de San Simón, en Rande.


La fama de Rande

A partir de entonces el nombre de Vigo se popularizó en Europa, debido a la abundante documentación que generó el suceso, con impresión de numerosos grabados conmemorativos y de artísticos mapas para explicar y perpetuar la batalla.

La Batalla de Rande, en fin, sirvió para inspirar a Julio Verne.

En su novela " Veinte mil leguas de viaje submarino" convierte al capitán Nemo en uno de los primeros buscadores de tesoros. Su legendaria nave el Nautilus había sido financiada con parte del tesoro de Rande. Nemo regresó a lo largo de su novela a la ría de Vigo en busca de más riquezas necesarias para mantener su numerosa tripulación y su sofisticada nave.

Nemo fue el primero pero tras él buscadores de tesoros famosos en el mundo entero se acercaron a la bahía con intención de rescatar del fondo del mar alguno de los galeones cargados con riquezas inimaginables.
De los ciento ocho millones de piezas de plata, oro y otras mercancías preciosas que viajaban en los navíos españoles, la flota de piratas anglo-holandeses, tras la feroz batalla, se llevó unos cuarenta millones de piezas. El resto permanece, hoy, en el fondo de la ría viguesa, sin que nadie haya rescatado ningún tesoro de cuantía importante.
El fondo del mar parece haber engullido la historia y las riquezas y aunque cuentan los más viejos que las playas acostumbran a teñirse de oro cuando el mar decide devolver parte de lo que descansa en el lecho submarino, no existen testigos fiables de estos acontecimientos.

Es posible que en el futuro gracias a las nuevas tecnologías la recuperación de las riquezas perdidas pueda ser una realidad. Hasta el momento es solo un sueño mantenido vivo por los buscadores de tesoros que regularmente se acercan por estas costas esperando ser los afortunados que sean capaces de arrebatarle al mar lo que en tan lejanas fechas se depositó en el lecho marino.

La Arqueología Subacuática en España

Junta de Andalucía

Contamos en Andalucía con una ingente documentación relativa al Patrimonio Arqueológico Subacuático generada por la intensa relación comercial del territorio andaluz con otros pueblos desde la más remota antigüedad. Archivos, bibliotecas, hemerotecas, cartotecas, etc, tanto de carácter público como privado, depositan entre sus fondos documentos de diversa tipología que contienen información sobre este patrimonio: fuentes impresas (monografías, publicaciones seriadas), fuentes manuscritas (protocolos notariales, expedientes de naufragios, derroteros) así como documentación gráfica (mapas, cartas náuticas, portulanos).

Una valiosa fuente de información para los investigadores interesados en el tráfico comercial indiano es el Archivo General de Indias con sede en la ciudad de Sevilla. Creado en 1785 por orden del rey Carlos III, este Archivo custodia toda la documentación administrativa generada por las relaciones de la metrópolis española con las colonias americanas durante más de tres siglos. Otras fuentes de información valiosas son las orales. Pescadores y buceadores deportivos, como buenos conocedores de su territorio, pueden contribuir a localizar restos arqueológicos sumergidos en aguas andaluzas.


Previo al comienzo de cualquier actuación arqueológica es imprescindible la realización de un trabajo de documentación que sistematice las fuentes de información que, tanto escritas como orales, haya sobre la zona en la que se va a trabajar. En este sentido el Centro de Arqueología Subacuática del IAPH ha elaborado un análisis de estas fuentes relacionadas con el Patrimonio Arqueológico Subacuático de cada una de las provincias andaluzas que poseen litoral marino. Al mismo tiempo fueron revisados los fondos documentales de distintos archivos administrativos (Autoridades Portuarias, Demarcaciones de Costa, etc). Este compendio, incluido en la Carta de Riesgo Antrópico del litoral andaluz, trata de valorar el potencial de las fuentes documentales marcando líneas prioritarias de investigación en función de su riqueza informativa.